25 oct. 2011

Pequeño ejercicio, por Elizabeth Bishop






Piensa en el temporal que recorre el cielo

inquieto, como un perro en busca de un albergue,

escúchalo gruñir.



Piensa en cómo estarán los cayos de los manglares

que yacen ahí fuera, impasibles al rayo,

por familias oscuras y fibrosas,



donde una garza a veces se despeina,

y escarmena el plumaje con comentario vago

cada vez que el agua circundante brilla.



Piensa en la avenida con sus palmeras chicas

dispuestas en hilera, reveladas de pronto

como puñados de blandas aristas de pescado.



Está lloviendo ahí. La avenida

con sus veredas rotas (hay hierba en cada grieta)

siente alivio con el agua, como el mar con la frescura.



Ya amaina el temporal y se aleja en pequeñas

viñetas de batallas mal iluminadas,

mostrando sucesivas “Escenas del combate”.

Piensa en alguien que duerme acostado en un bote

amarrado a una raíz de manglar o al piloto de un puente

imagínalo ileso, apenas perturbado.




Traducción Cinna Lomnitz


en A cold spring, 1956