7 ene. 2011

Aventura y noche con Madame Xavier, también conocida en la distinguida colonia brasileña de París como la Señora Cocaína, por Oswald de Andrade







Un cuarto. Una cama. Un tarrito del tamaño de la uña. Pompeque amarrado. Una nostalgia de Joao de Río.

- ¿Vamos a tomar la cosita, mi amor?
- Vamos...

Abren el frasco acogedor. Se hunden en la atracción imponderable, como cucarachas.

- Háblame de tu inmensa suerte.
- ¿Qué suerte?
- ¡Tu fortuna!
- ¡Ah! Unas tierras que heredé en el Río de Peixe.

Vacío de piedra pómez. Más cosita.

Una atracción sexual en las láminas, sin peso. La ronda de las cerraduras detrás de los cerrojos. Un frío estupefacto, de nariz dura. Los corazones maratonean como sexos.

Pompeque se asusta y ella, todavía emporcada, le pregunta qué opina de la actitud de Benjamín Constant para con el emperador.

- ¿No fue un ingrato?




en Serafín Ponte Grande, 1933