27 sep. 2010

Hoy el Gral está en los Andes, por Miguel Serrano






Me he esforzado por desarrollar esta exposición de temas míticos y simbólicos, de antigua leyendas reencarnadas con el ropaje de los tiempos, y que para mí son realidades que configuran el tema central de la Historia Esotérica del mundo. Los que así lo comprendan pertenecen a la Wildes Heer, la Hueste Primigenia del Cordón Dorado, que viene desde los orígenes polares.

Quien haya seguido con atención esta obra, sabrá que la última Gran Guerra no tiene semejantes. Sólo con la del Mahabharata podría hallársele similitud, porque marca el nacimiento y final de mundos. Allí no estuvieron en juego únicamente las nacionalidades, las fronteras físicas de las patrias artificiales. Bien lo sabían Ezra Pound en los Estados Unidos, Knut Hamsun en Noruega y William Joyce en Irlanda, entre otros. Fue una Guerra de Dioses, de mitos y leyendas, de titanes, donde se enfrentaron opuestas corrientes iniciáticas, concepciones y cosmogonías, donde se jugó toda la Historia y Destino espiritual del planeta. Las posiciones que debieron asumir los actores no les estaban señaladas por sus nacionalidades diferentes y circunstanciales, por el lugar geográfico donde nacieron, sino por la naturaleza astrológica, por la dirección e influencia del Astro de los orígenes, por esa “Cada de Familia”, por ese Destino Esotérico, imposible de cambiar o torcer, por ese Espíritu y Sangre del Espíritu. Sin duda las cosas eran así para los seres conscientes, con gnosis, no para quienes fueron arrastrados como sonámbulos a la carnicería de vivos y de muertos, de símbolos y blasones y que “murieron sin saber por quién lo hacían”, según las palabras de William Joyce, antes de ser ejecutado en Inglaterra.

En toda la historia de la Creación no hay más que una Guerra, una Gran Guerra, que aún no termina. Quien pudo saber con la memoria de su sangre espiritual lo que en el combate se jugaba, estuvo y sigue estando con los que intentaron restaurar mágicamente la Edad Dorada.

Para ellos es esta obra, la cual no debe ser leída, sino bebida, como la sangre azul que contiene la Copa de Piedra del Grial, la Sangre de los Seres Azules de Hiperbórea, de los Siddhas del Cordón Dorado. Esta Copa de Piedra Filosofal es para que la beban los héroes que van a ser transmutados en Superhombres y salvados en el Pájaro de Oro, poco antes del hundimiento de la nueva Atlántida, que pondrá fin al Kaliyuga. Ellos podrán ir a la Otra Tierra Interna, donde les espera el Rey del Gral y la Amada, que se los entrega y les ayuda a interpretarlo.

Esta obra no es un libro. Es la canción de un minnesänger, de un guerrero trovador.



“La Luz de la Estrella de la Mañana”

En esa delicada región del mundo, que se extiende entre la Cordillera de los Andes y el Océano Pacífico y que alcanza hasta el Polo Sur, emergerá después de la catástrofe, junto a sus costas atormentadas, desde las profundas aguas, el Continente sumergido del Espíritu, de ELELLA, y las cumbres de Paradesha, iluminados por la luz de la Estrella de la Mañana, la anunciadora de un Nuevo Sol, del Hombre Total, desposado con su propia alma. Porque allí están los Dioses custodiando el Gral, y se encuentra la entrada secreta al Mundo Interno.




1978