14 may. 2010

El Sionismo y su proyecto “civilizador” en Palestina: Deshumanización, subordinación y eliminación “del otro”, por Ricardo Marzuca

Revista Hoja de Ruta, (Edición en Estado de Excepción) Febrero 2009





La invasión de la Franja de Gaza por parte de Israel ha sido presentada por su gobierno y los principales medios de comunicación, como una respuesta puntual contra el movimiento islamista palestino Hamas, debido a los ataques con cohetes Kassam lanzados sobre algunos poblados israelíes. Se ha hablado de “guerra” en una situación en que -omitiendo la realidad de Palestina bajo colonización y ocupación militar israelí, el abismante desequilibrio entre las partes, las dimensiones del armamento, violencia, destrucción y asesinatos masivos de civiles perpetrados-, ésta responde a otra intención y al hecho también puntual de las próximas elecciones en Israel. Nos encontramos ante una evidente política de exterminio, cuyas raíces ideológicas y prácticas reiteradas comienzan con la colonización de Palestina, proyectándose hasta nuestros días, pasando por Al Nakba de 1948, la expansión colonial israelí de 1967, la invasión a El Líbano en 1982, la destrucción de Jenín en 2002, por nombrar algunos de los momentos más significativos.

La particularidad de la historia reciente de Palestina, en relación con el resto del Mundo Árabe, está marcada por su traumático encuentro con el sionismo. Como señala Edward Said: “ …Palestinian history takes a course peculiar to it, and quite different from Arab history. There are, of course, many connnections between what Palestinians did and what other Arabs did in this century, but the defining characteristic of Palestinian history, its traumatic national encounter with Zionism, is unique to the region.” (1) En efecto, sometido desde el siglo XIX al control colonial fundamentalmente de franceses e ingleses, el mundo árabe tanto en el Mashriq como en el Magrib, después de la Primera Guerra Mundial, siguió estando controlado y colonizado a través del llamado sistema de Mandatos sancionado por la Sociedad de las Naciones, hasta el inicio de la descolonización después de la Segunda Guerra Mundial. En el caso de Palestina, fue incorporada al Mandato británico la Declaración Balfour (1917), que prometía por parte del gobierno inglés al movimiento sionista la creación de un hogar nacional judío en dicho territorio.

La penetración del sionismo en Palestina, bajo los auspicios del mandato británico y la consiguiente creación y expansión del Estado de Israel, desde 1948 hasta el día de hoy, constituyen un fenómeno colonial que se articula sobre la cultura imperialista, el discurso orientalista y sus representaciones, que conllevan concepciones, actitudes y prácticas de deshumanización, negación, subordinación y/o eliminación “del otro”. Como señala Said: “Imperialism was the theory, colonialism the practice of changing the uselessly unoccupied territories of the world into useful new versions of the European metropolitan society. Everything in those territories that suggested waste, disorder, uncounted resources, was to be converted into productivity, order, taxable, potentially developed wealth.” (2)

Citando el trabajo de tesis de una joven investigadora norteamericana, Miriam Rosen (3), quién compiló un conjunto de textos que dan cuenta de las percepciones y actitudes desarrolladas, desde mediados del siglo XIX hasta 1920, por los británicos en torno a los nativos de Palestina, Said destaca los elementos presentes en ellos. Dos ejemplos dan clara cuenta de las representaciones construidas por diversas personalidades inglesas. C. R. Conder en su “Present Condition of palestine” expresa que los nativos de Palestina son brutales ignorantes, fanáticos y mentirosos empedernidos: “The native peasantry are well worth a few words of description. They are brutally ignorant, fanatical, and above all, inveterate liars; yet they have a qualities which would, if developed, render them a useful population.” (4) Por su parte Tyrwhitt Drake escribió: “The fellahin are all in the worst type of humanity that I have come across in the east...The fellah is totally destitute of all moral sense...” (5) Los habitantes de Palestina, estarían entonces ubicados en el peor lugar del escalafón de la humanidad y carecerían totalmente de sentido moral.

Por ello Said afirma: “For Whatever it may have done for Jews, Zionism essencially saw Palestine as the European imperialist did, as an empty territory paradoxically “filled” with innoble or perhaps even dispensable native…” (6) De ahí, la idea de los ideólogos sionistas de considerar Palestina un espacio vacío y absolutamente prescindibles a los nativos de dichos territorios, de manera de colonizarlos, ordenarlos, hacerlos potencialmente desarrollados, productivos, es decir, civilizarlos. El concepto que está detrás es el de terra nullius, que corresponde a las tierras de los “salvajes”, que eran concebidas como espacios vacíos o desiertos (7), en coherencia, uno de los eslóganes más recurrido por el discurso sionista para el caso de Palestina fue: Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra. En esta perspectiva cobran sentido las palabras del ideólogo sionista Max Nordau, quién en su afán de enfatizar y reafirmar la comunidad de cultura de los judíos con Europa señalaba: “Retendremos la cultura europea que hemos adquirido en los dos últimos milenios, y podremos reírnos de quienes sugieren que nos convertiremos en asiáticos. En el sentido antropológico y en el cultural nos convertiremos en asiáticos palestinos en la misma medida en que los anglosajones de Norteamérica se han convertido en pieles rojas…..Debemos plantearnos el objetivo de hacer de Asia Menor lo que los ingleses han hecho en la India…” (8).

Tales concepciones propias del colonialismo clásico occidental se han proyectado hasta el presente, por ello, pese al proceso de destrucción, expulsión y exterminio que han vivido los palestinos desde 1948 hasta hoy, Israel ha gozado de valoración y prestigio en el mundo occidental, proyectando la imagen de la milagrosa transformación de una tierra árida y vacía en un país desarrollado y de empuje, democrático y amante de la paz, frente a uno árabes atrasados e irracionalmente violentos por naturaleza, como señala Said: “Israel has enjoyed an astonishing dominance in matters of scholarship, political discourse, International presence, and valorization. Israel was taken to represent the best in the Western and Biblical traditions. Its citizens were soldiers, yes, but also farmers, scientists, and artists; its miraculous transformation of an “arid and empty land” gained universal admiration, and so on and on. In all this, Palestinians were either “Arabs”, anonymous creatures of the sort that could only disrupt and disfigure a wonderfully idyllic narrative. Still more important, Israel represented (if it did not always play the role of) a nation in search of peace, while the Arabs were warlike, bloodthirsty, bent on extermination, and prey to irrational violence, more or less forever.” (9)

La misma idea, el contrapunto de racionales y civilizados, versus irracionales y emocionales es denunciada por el historiador israelí Illan Pappe, en su obra La limpieza étnica en Palestina : “En este libro quisiera explorar tanto los mecanismos de la limpieza étnica de 1948, como el sistema cognitivo que permitió al mundo olvidar (y a los perpetradores negar) el crimen que el movimiento sionista cometió contra el pueblo palestino” (10), para luego continuar: “Los extranjeros, se dice en mi país, no entienden y no pueden entender esta historia desconcertante, por lo que ni siquiera hay necesidad de intentar explicársela…Lo único que pueden hacer, como el gobierno de Israel ha sabido decirle al mundo durante años, es permitir que “nosotros”, los israelíes, en tanto representantes del bando “civilizado” y “racional” del conflicto, hallemos una solución justa “para nosotros mismos” y para el bando contrario, los palestinos, que, a fin de cuentas, son la encarnación del mundo árabe “incivilizado” y “emocional” al que su pueblo pertenece.” (11)

Arnold Toynbee, al referirse a la visión cosificada que construyó el occidental colonizador sobre los colonizados afirma: “Cuando nosotros occidentales, llamamos a alguien “indígena” (native) implícitamente eliminamos de nuestra percepción su color cultural. Los vemos como árboles que caminan, o como animales feroces que infestan el país y con los cuales, ocasionalmente nos cruzamos. En realidad, los vemos formando parte de la fauna y flora y no como hombres con las mismas pasiones que las nuestras; y, puesto que los vemos como algo infrahumano, nos parece que tenemos el derecho de tratarlos como si no poseyesen los derechos humanos más ordinarios.” (12)

Lo que se vive en Palestina responde a un modelo colonial, al que Fanon caracteriza como mundo maniqueo, donde el mundo del colonizado responde no sólo a la ausencia sino a la negación de valores y expresión del mal: “No le basta al colono limitar físicamente, es decir, con ayuda de su policía y sus gendarmes, el espacio del colonizado. Como para ilustrar el carácter totalitario de la explotación colonial, el colono hace del colonizado una especie de quinta esencia del mal. La sociedad colonizada no sólo se define como una sociedad sin valores. No le vasta al colono afirmar que los valores han abandonado o mejor aún, no han habitado jamás al mundo del colonizado. El indígena es declarado impermeable a la ética; ausencia de valores, pero también negación de los valores. En este sentido, es el mal absoluto. Elemento corrosivo, destructor de todo lo que está cerca, elemento deformador, capaz de desfigurar todo lo que se refiere a la estética o a la moral, depositario de fuerzas maléficas, instrumento inconsciente e irrecuperable de fuerzas ciegas.” (13)

El trato dado por el colonizador israelí al nativo palestino responde a lo que Fanon revela como deshumanización y hasta animalización del colonizado: “A veces ese maniqueísmo llega a los extremos de su lógica y deshumaniza al colonizado. Propiamente hablando, lo animaliza. Y en realidad, el lenguaje del colono, cuando habla del colonizado, es un lenguaje zoológico.” (14)

La deshumanización, animalización y cosificación del otro, junto con la idea de expansión territorial y redención de la tierra que propugna el sionismo, conducen a la necesidad de la jaula, para encerrar al animal salvaje, que se ha llevado a la realidad a partir del año 2001 con la construcción del muro del apartheid con que supuestamente Israel quiere protegerse de lo que denomina una sociedad enferma y violenta.

El diagnóstico y crítica de decadencia moral de la sociedad israelí, que manifiestan en su interior algunos sectores minoritarios, da cuenta de la política de exterminio llevada a cabo sistemáticamente por Israel contra el pueblo palestino, política que responde a la deshumanización, animalización y degradación del otro, pero que finalmente se vuelve también contra la humanidad del colonizador. Shulamit Aloni, ex política israelí del partido de izquierda Meretz y miembro del Movimiento Israelí de Derechos Civiles ha expresado a este respecto: “Nuestra sociedad está carcomida por la inestabilidad y por la exaltación de la fuerza. Me horroriza nuestro desplome moral. Me horroriza nuestra arrogancia y la facilidad con la que matamos y asesinamos palestinos… No puedo hallar descanso cuando veo la muralla que estamos levantando. Robamos la tierra a gentes que viven en este lugar desde hace siglos. Estamos destruyendo invernaderos, plantaciones e infraestructuras vitales para tres millones de personas, y nos persuadimos de que somos nosotros las victimas.” (15) Las expresiones de Shulamit Aloni dan cuenta de la conciencia que asume al comprender que, como señala Memmi en su Retrato del Colonizador (16), este se va degradando moralmente así como la sociedad a la que pertenece. Es la deshumanización a la que apunta Césaire cuando expresa que la colonización deshumaniza incluso al hombre más civilizado, “…que la acción colonial, la empresa colonial, fundada sobre el desprecio del hombre nativo y justificada por este desprecio, tiende inevitablemente a modificar a aquel que la emprende; que el colonizador, al habituarse a ver en el otro a la bestia, al ejercitarse en tratarlo como bestia, para calmar su conciencia, tiende a transformarse él mismo en bestia. Esta acción, este golpe devuelto por la colonización, era importante señalarlo.” (17)

Pero las críticas de Aloni van más allá al denunciar el desmoronamiento moral de la sociedad israelí, compara la actitud de quienes no quieren saber ni leer lo que pasa en los territorios ocupados con los alemanes que se excusaban diciendo que no sabían lo que hacía el régimen nazi: “En este país (Israel) hay ahora gente que dice “ no quiero saber, no leo los periódicos ” . Si la gente no está dispuesta a leer a Gideon Levy y a Amira Hass (reporteros del diario Haaretz para los territorios ocupados) es simplemente porque no quieren saber lo que pasa. No dicen que los artículos escritos por estos dos periodistas no sean correctos, sino simplemente que no quieren saber. Nosotros no aceptamos que los alemanes dijeran “nosotros no sabíamos”, eso nos enfureció. Ellos sencillamente no querían saber. Estaban detrás de su Führer y admiraban a su ejército. Entre nosotros pasa lo mismo, la gente no sabe y no quiere saber.” (18)




Notas
1. Said, Edward. The Question of palestine . Vintage Books Edition, New York, 1992, p XXXV
2. Ibid. p.78.
3. Rosen, Miriam. “The Last Crusade: British Archeology in Palestine, 1865-1920”, Hunter College, 1976. En: Said, Edward, 1992, Op cit. p.79.
4. Ibid p.80
5. Ibid p.79
6. Ibid p.81
7. James Lorrimer dividía la humanidad en tres zonas: la humanidad civilizada blanca, la humanidad bárbara amarilla y la humanidad salvaje negra. Véase en Hobson, John. Los orígenes orientales de la civilización de Occidente , Editorial Crítica, Barcelona, 2006, el capítulo X: La construcción de la identidad racista europea y la invención del mundo, 1700-1850.
8. Nordau, Max: To his people , Nueva York, 1941, p.163.
9. Said Edward: The Question of Palestine , Vintage Books Edition, New York , 1992, p xiv.
10. Pappé, Ilan: La limpieza étnica en Palestina , Editorial Crítica, Barcelona, 2008, p.15
11. Ibid, p.17
12. Toynbee, Arnold. A Study of History , New York, Oxford University Press, Tomo I, 1962, p.152.
13. Fanon, Frantz. Los condenados de la tierra . FCE, México, 2001, pp.35-36.
14. Ibid, p.37.
15. Entrevista a Shulamit Aloni publicada en el diario israelí Yediot Aharonot en abril de 2004. En: Warschawsky, Michel (ed.). La revolución sionista ha muerto, voces israelíes contra la ocupación (1967-2007). Bellaterra, Barcelona, 2008. p.101
16. Memmi, Albert. Retrato del colonizado . Ediciones de la Flor, Quinta Edición, Buenos Aires, 1983.
17. Césaire, Aimé. “ Discurso sobre el colonialismo”(1950). En Leopoldo Zea (editor), Fuentes de la cultura latinoamericana , Volumen II, FCE, México, 1993. p.19
18. Entrevista a Shulamit Aloni, En: Warschawsky, Michel (ed.)., op cit, p.101.