3 nov. 2009

El maldito del Círculo Polar, por Javier Rodríguez Marcos

El País. España. 11.agosto.2009


Padre de la novela moderna y defensor del nazismo, Noruega celebra su legado en el 150º aniversario de su nacimiento




El sol no se pone nunca del todo en la cubierta del Gamle Salten. De madrugada, el atardecer parece aún interminable. Sin perderse en el horizonte hasta bien entrada la noche, el sol rodea lentamente el barco, lleno estos días de expertos y lectores de Knut Hamsun (1859-1952), premio Nobel de Literatura en 1920 y arrumbado en los estantes de la historia por su simpatía con el régimen nazi durante la invasión de Noruega por el Ejército alemán. El Gamle Salten hace el trayecto entre Bodo y Prestid, 1.500 kilómetros al norte de Oslo, dentro ya del Círculo Polar Ártico. Allí espera Steven Holl, vestido con un traje de color vainilla y tocado con un sombrero panamá. "Ésta es la obra de la que me siento más orgulloso. Mi abuelo era noruego y es como una vuelta al origen", dice el arquitecto estadounidense al pie del edificio que ha construido para el Centro Hamsun.

La presencia de esta torre de madera de cinco plantas en un paraje verde rodeado de montañas cortadas a cuchillo explica la controversia que ha acompañado el proyecto. Holl, famoso en Europa por el museo Quiasma de Helsinki, dice que éste no es más que otro capítulo que añadir a la polémica que ha rodeado siempre la figura de Hamsun, cuyo 150º aniversario se conmemoró el martes pasado. A la torre le faltan cuatro grados para ser perpendicular y su autor la define como "un cuerpo aparentemente inestable", como el novelista que le da nombre.

Noruega llevaba décadas sin saber qué hacer con Hamsun. No sólo es su escritor más famoso después de Ibsen sino que para muchos -de Kafka a Thomas Mann pasando por Henry Miller o Bukowski- también es el padre de la novela moderna. Esa paternidad tiene fecha: 1890, el año en que publicó Hambre, el a veces angustiado y a veces altivo monólogo interior de un hombre que malvive en las calles de una ciudad que no tiene misericordia. Ni con él ni con nadie. La cruda modernidad con punto y comas. Claudio Magris y Paul Auster han sido los apóstoles más recientes del escritor.

Al final de su vida, sentado ya en la cima de la fama, Hamsun celebró la "fuerza" del espíritu de la Alemania nazi, que invadió Noruega durante cinco años. El 7 de mayo de 1945, tiempo después de ofrecer su Nobel a Joseph Goebbels y cuando todos los colaboracionistas se disponían a enjuagar su pasado ante la inminencia de la victoria aliada, él escribió en el Aftenpostens, el periódico más importante del momento, un encendido elogio fúnebre de Hitler, al que había llegado a conocer. "Guerrero de la Humanidad", lo llamaba. El país que lo había llevado a los altares metió a Hamsun en un hospital psiquiátrico y le impuso una multa que lo dejó en la ruina. Su muerte siete años más tarde fue recibida con un incómodo silencio y durante décadas fue, a la vez, un escritor popular y maldito. Nunca dejaron de leerse sus libros, pero pocos reconocían haberlos leído. En España, donde tuvo su momento de gloria en los treinta, su obra forma parte del catálogo de varios sellos. En otoño, Nórdica seguirá ese camino con más novelas y una biografía.

Entretanto, Noruega ha empezado a saldar sus cuentas con el Hamsun escritor sin negar las miserias del hombre. Ante los temores de algunos familiares de supervivientes y de varias asociaciones judías de que las conmemoraciones de este año se tradujeran en comprensión hacia la postura del novelista durante la II Guerra Mundial, el Gobierno noruego salió al paso con un comunicado en el que subrayaba que se trataba de celebrar los "logros literarios" de Hamsun al tiempo que recordaba que sus "simpatías nazis" ocupaban un lugar destacado en la gran exposición que se le dedicó en Oslo a principios de año.

Al pintor Karl Erik Harr, que ha consagrado su vida a ilustrar la obra del narrador y que impulsó en 1982 las Jornadas Hamsun que se celebran cada año la primera semana de agosto, no le gusta el nuevo edificio de Prestid -"alguien tiene que decirlo"-, pero cree que la rehabilitación definitiva del "cronista de las tierras del norte" es un acto de justicia.