1 jun. 2008

Que los muertos descansen en paz

por Kaspar von Stieler, 1632-1707





¡Muere, Filidor!
¿Por qué no falleciste en tu deseo?

El coro de promesas de las musas
anunció herederos a tu nombre,
aunque pensara Florilis
que ninguno se lamentaría por ti.

Florilis, ciertamente, reirá en tu muerte;
y, de seguro,
chistes contará encima de tu ataúd;
y brincará, vitoreará
y cantará sobre tu tumba.

Si alguien menciona tu nombre,
tras tu muerte,
como, cuando o donde sea,
ella se burlará sobre tu lápida,
ella misma sacudirá tus roídos huesos.

Mas, orgullosa niña,
no imagines que te dejaré ir así.
Un rostro espectral, parecido al mío, te atormentará;
te perseguirá mi fantasma
e irá a la cama contigo.

Un opresivo sueño te despertará frecuentemente.
Con dificultad creerás entonces que puedo asustarte:
Haré miserable tu vida con lamentos y golpes.
Si por la mañana te encontraran contusiones,
di que te las hice para vengarme.
Si caes enferma te atormentaré en tus pensamientos.

Más vale entonces que te corrijas
mientras tiempo tienes para hacerlo.
Si me desvaneces en las vaporosas aguas del Aquerón
no tendrá sentido quejarse
cuando te atormente mi fantasma.