1 may. 2008

La guerra en el Corán

por Harun Yahya






Según el Corán la guerra representa “una obligación no deseada”, que se lleva a cabo bajo la observancia de pautas morales y de humanidad particulares, aunque no se debería recurrir al combate excepto que sea absolutamente inevitable. En un versículo se explica que son los incrédulos quienes comienzan las guerras y que Dios no las aprueba:

...Siempre que encienden el fuego de la guerra, Dios se lo apaga. Se dan a corromper en la tierra y Dios no ama a los corruptores (Corán, 5:64).

En caso de conflicto, los creyentes antes de comprometerse en una guerra deben esperar hasta que el combate se convierta en obligatorio. A los creyentes se les permite luchar sólo cuando la otra parte ataca y no queda ninguna otra alternativa más que la lucha:

Pero, si cesan, Dios es indulgente, misericordioso (Corán, 2:192).

Un examen más particularizado de la vida del Profeta Muhammad (PB) revela que la guerra fue un método al que recurría con propósitos sólo defensivos y en condiciones inevitables. La revelación del Corán al Profeta Muhammad (PB) se prolongó por un período de 23 años. Durante los primeros 13 años los musulmanes vivieron en Meca como minoría bajo un orden pagano y sufrieron mucha opresión. Muchos de los musulmanes fueron atormentados, injuriados, torturados e incluso asesinados y sus casas saqueadas. Sin embargo, no recurrieron a la violencia y siempre llamaron a la paz a los paganos. Cuando la opresión se volvió insoportable, los musulmanes emigraron a la ciudad de Yatrib, la que luego pasó a llamarse Medina. Allí establecieron su propio orden en un medio de más libertad y más amigable. Pero no incitaron a que se tome las armas contra los paganos agresivos de la Meca. Sólo después de la revelación que lo ordenaba, el Profeta (PB) preparó al pueblo para la guerra:

Les está permitido (combatir) a quienes son atacados, porque han sido tratados injustamente. —Dios es, ciertamente, poderoso para auxiliarles—. (Les está también permitido combatir) a quienes han sido expulsados injustamente de sus hogares sólo por haber dicho “Nuestro Señor es Dios”... (Corán, 22:39-40).

En resumen, a los musulmanes se les permitió combatir sólo después de que fueron oprimidos y sometidos a la violencia. Para decirlo de otra manera, Dios les dio permiso para el combate únicamente con propósitos defensivos. En otros versículos se les advierte a los musulmanes que no recurran sin necesidad a la violencia:

Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Dios no ama a los que se exceden (Corán, 2:190).

Después de la revelación de estos versículos tuvo lugar varias guerras entre musulmanes y paganos pero en ninguna oportunidad fueron los primeros quienes comenzaron las mismas. Por otra parte, el Profeta Muhammad (PB) estableció un entorno pacífico y seguro para ambos por medio de la firma del acuerdo de paz de Hudaybiya, el cual concedió a los paganos la mayoría de las cosas que solicitaban. Nuevamente fueron éstos quienes violaron el acuerdo y reiniciaron las hostilidades. Gracias a las rápidas conversiones, el ejército islámico reunió una gran fuerza para combatirlos. Sin embargo, Muhammad (PB) conquistó la Meca sin derramar sangre y con un espíritu tolerante. Si hubiese querido, se habría vengado de ellos pero no dañó a nadie, les perdonó y les trató de la forma más comprensiva. En palabras del experto occidental en Islam, John Espósito, El Profeta dio paso a un acuerdo que concedía amnistía a sus enemigos antes que empuñar la espada en pos de venganza o para el saqueo propio de las conquistas. Los paganos, que más tarde se convertirían al Islam por decisión propia, no podían dejar de admirar la personalidad tan noble del Profeta (PB). No sólo durante la captura de la Meca sino en el curso de todas las batallas y conquistas, fueron meticulosamente defendidos los derechos de los inocentes e indefensos. Muhammad (PB) recordó a los creyentes en numerosas oportunidades este asunto y por medio de su propia forma de proceder se convirtió en un modelo a seguir por otros. A los creyentes que iban a la guerra les habló en los siguientes términos: Marchen a la guerra en defensa de la religión de Dios. Nunca agredan a los ancianos, a las mujeres o a los niños. Mejórenles la situación que tienen y sean amables con ellos. Dios ama a los íntegros. También dejó en claro la actitud que debían adoptar los musulmanes incluso en medio del furor de una batalla: No maten a los niños. ¡Eviten molestar a los devotos que adoran en las iglesias! Nunca asesinen a mujeres y a ancianos. No quemen ni talen los árboles. ¡Nunca destruyan las viviendas! Dios anuncia en el Corán los principios islámicos que explican la política y temperamento pacífico del Profeta Muhammad (PB). Ordena a los creyentes tratar a los no musulmanes de manera amable y correcta:

Dios no os prohíbe que seáis buenos y equitativos con quienes (aún siendo infieles) no han combatido contra vosotros por causa de la religión, ni os han expulsado de vuestros hogares. Dios ama a los que son equitativos. Lo que sí os prohíbe Dios es que toméis como amigos a los que han combatido contra vosotros por causa de la religión y os han expulsado de vuestros hogares o han contribuido a vuestra expulsión... (Corán, 60:8-9).

Estos versículos dejan en claro cuál debe ser el comportamiento de los musulmanes con los no musulmanes. Deben tratarlos con bondad y no hacerse amigos de los que exhiben hostilidad hacia el Islam. En caso de que esa enemistad lleve a que los musulmanes sean agredidos y sometidos a ataques militares, éstos deberían responder de acuerdo al cuadro de situación general desde la perspectiva humana. El Islam prohíbe todas las formas de barbarie, de actos de violencia innecesarios y de agresiones injustas. En otro versículo Dios advierte a los musulmanes sobre dicha conducta y explica que la cólera que se siente hacia el enemigo no debería ser motivo de injusticias:

¡Creyentes! Sed íntegros ante Dios cuando depongáis con equidad. Que el odio a un pueblo no os incite a obrar injustamente. Sed justos. Esto es lo más próximo al temor de Dios. Y temed a Dios. Dios está bien informado de lo que hacéis (Corán, 5:8).