8 ene. 2008

Tao Te-King

por Lao Tse
-selección-





I


El Tao que puede ser expresado
no es el verdadero Tao.

El nombre que se le puede dar
no es su verdadero nombre.

Sin nombre es el principio del universo;
y con nombre, es la madre de todas las cosas.

Desde el no-ser comprendemos su esencia;
y desde el ser, sólo vemos su apariencia.

Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo
origen, aunque distinto nombre.

Su identidad es el misterio.
Y en este misterio
se halla la puerta de toda maravilla.




IV


El Tao es vacío,
imposible de colmar,
y por eso, inagotable en su acción.

En su profundidad reside el origen
de todas las cosas.

Suaviza sus asperezas,
disuelve la confusión,
atempera su esplendor,
y se identifica con el polvo.

Por su profundidad parece ser eterno.

No sé quién lo concibió,
pero es más antiguo que los dioses.




VII


El cielo es eterno y la tierra permanece.
El cielo y la tierra deben su eterna duración
a que no hacen de sí mismos
la razón de su existencia.
Por ello son eternos.

El sabio se mantiene rezagado
y así es antepuesto.
Excluye su persona
y su persona se conserva.
Porque es desinteresado
obtiene su propio bien.




VIII


La suprema bondad es como el agua.
El agua todo lo favorece y a nada combate.
Se mantiene en los lugares
que más desprecia el hombre
y,.así, está muy cerca del Tao.

Por esto, la suprema bondad es tal que,
su lugar es adecuado.

Su corazón es profundo.
Su espíritu es generoso.
Su palabra es veraz.
Su gobierno es justo.
Su trabajo es perfecto.
Su acción es oportuna.

Y no combatiendo con nadie,
nada se le reprocha.




IX


Más vale renunciar antes que sostener
en la mano un vaso lleno
sin derramarlo.

La espada que usamos y afilamos
continuamente
no conservará mucho tiempo su hoja.

Una sala llena de oro y jade
nadie la puede guardar.

Quien se enorgullece de sus riquezas
atrae su propia desgracia.

Retirarse de la obra acabada,
del renombre conseguido,
esa es la ley del cielo.




XIV


Se le llama invisible porque mirándole
no se le ve.
Se le llama inaudible porque escuchándole
no se le oye.
Se le llama impalpable porque tocándole
no se le siente.

Estos tres estados son inescrutables
y se confunden en uno solo.

En lo alto no es luminoso,
en lo bajo no es oscuro.

Es eterno y no puede ser nombrado,
retorna al no-ser de las cosas.

Es la forma sin forma
y la imagen sin imagen.

Es lo confuso e inasible.

De frente no ves su rostro,
por detrás no ves su espalda.

Quien es fiel al Tao antiguo
domina la existencia actual.

Quien conoce el primitivo origen
posee la esencia del Tao.




XXI


La grandeza de toda virtud
reside en su fidelidad al Tao.

El Tao es algo confuso e intangible.

Es confuso e intangible, pero tiene formas.
Es confuso pero brillante porque abarca muchas cosas.

Es profundo y oscuro pero contiene una esencia.
Esta esencia es verdadera.

Desde los tiempos más remotos conserva invariable su nombre.
Es el origen de todos los seres.

¿Cómo conocer el origen de todos los seres?
Por esto mismo.




XXIII


Hablar poco es lo natural.
Un huracán no dura toda la mañana.
Un aguacero no dura todo el día.

¿Quién hace estas cosas?
El cielo y la tierra.
Si las cosas del cielo y la tierra
no pueden durar eternamente,
¿cómo las cosas del hombre?

Así, quien sigue el Tao
se une al Tao.

Quien sigue la virtud,
se une a la virtud.

Quien sigue el defecto,
se une al defecto.

Quien se identifica con una de estas cosas,
por ella es acogido.

Pero a esto no se da suficiente crédito.




XXVII


Un buen caminante no deja huellas.
Un buen orador no se equivoca ni ofende.
Un buen contable no necesita útiles de cálculo.
Un buen cerrajero no usa barrotes ni cerrojos,
y nadie puede abrir lo que ha cerrado.
Quien ata bien no utiliza cuerdas ni nudos,
y nadie puede desatar lo que ha atado.

Así, el sabio que siempre ayuda a los hombres,
no los rechaza.

El sabio que siempre conserva las cosas,
no las abandona.

De él se dice que está deslumbrado por la luz.
Por esto, el hombre bueno no se considera maestro
de los hombres;
y el hombre que no es bueno estima como buenas las
cosas de los hombres.

No amar el magisterio ni la materia de los hombres,
y aparentar ignorancia, siendo iluminado,
éste es el secreto de toda maravilla.




XXX


El que está en el camino del Tao,
no refuerza el imperio de las armas.
Toda acción provoca reacciones.
Sólo zarpas y espinos nacen en el lugar
donde acampan los ejércitos.
Después de la guerra, siguen años de hambre.

El buen general vence, y allí se queda.
No abusa de su poder, no se sobrestima.
Vence y no se jacta, vence porque es su deber.

Cuando las cosas alcanzan su extremo, comienzan a declinar.

Eso es oponerse al Tao.
Y lo que se opone al Tao
camina rápidamente a su fin.




XXXIII


El que conoce a los demás es inteligente.
El que se conoce a sí mismo es iluminado.
El que vence a los demás es fuerte.
El que se vence a sí mismo es la fuerza.
El que se contenta es rico.
El que se esfuerza sin cesar es voluntarioso.
El que permanece en su puesto, vive largamente
El que muere y no perece, es eterno.