7 dic. 2007

El suicidio según Nietzsche







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Yo quiero predicar el pensamiento que dará a muchos el derecho a suprimirse: el gran pensamiento de la selección. El ocaso de los ídolos.



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El mayor número de los hombres carece de derecho a la existencia, y constituye una desgracia para los hombres superiores. El ocaso de los ídolos.



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¡Consuelo para los que sucumben! Considerar su pasión como una mala jugada de lotería. Tener presente que la mayor parte de los jugadores tienen que perder. Que el sucumbir es tan útil como el devenir. Nada de arrepentimientos: el suicidio es más breve. Tratados filosóficos.



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Morir de un modo altivo, cuando no es ya posible vivir dignamente. La muerte elegida voluntariamente, la muerte en tiempo oportuno, con claridad y serenidad... El ocaso de los ídolos.


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El suicidio como medio usual de morir: nuevo orgullo del hombre, que fija su fin e inventa una fiesta: el morir. Tratados filosóficos.



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El pensamiento del suicidio es un consuelo poderoso. Ayuda a pasar más de una mala noche. Más allá del bien y del mal.



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Cuando un hombre se suprime hace la cosa más digna del mundo: con ella casi merece vivir... El ocaso de los ídolos.



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En tiempos de su formación, el cristianismo se sirvió del enorme deseo del suicidio para hacer de él una palanca de su poderío: no conservó más que dos formas de suicidio, las revistió de las más altas dignidades y de las más altas esperanzas y prohibió todas las demás con amenazas terribles. Pero el martirio y la muerte lenta del ascetismo fueron lícitos. El eterno retorno.



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El cristianismo, como gran movimiento popular del imperio romano, es la entronización de los peores, de los incultos, de los oprimidos, de los enfermos, de los extraviados, de los pobres, de los esclavos, de las viejas, de los cobardes; en suma, de todos aquellos que tienen motivos para suicidarse, pero carecen de valor para hacerlo. Tratados filosóficos.



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Abstracción hecha de las exigencias que impone la religión, podemos preguntarnos: ¿por qué habría más gloria en un hombre que se ha hecho viejo, que no puede ocultar la decadencia de sus facultades, en esperar su lento agotamiento y disolución, que en fijarse él mismo un término en plena conciencia? El suicidio es, en este caso, una acción inmediata y completamente natural que, por ser una victoria de la razón, debería en justicia inspirar respeto: y de hecho lo inspiraba en los tiempos en que los jefes de la filosofía griega y los patriotas romanos más valerosos tenían la costumbre de suicidarse. Tratados filosóficos.



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Por el contrario, el ansia de vivir un día más por la consulta ansiosa a los médicos y el régimen de vida más penoso, sin la fuerza de acortar el término de la vida, es mucho menos respetable. Las religiones abundan en expedientes contra la necesidad del suicidio: éste es un medio de insinuarse por la adulación en aquellos que están enamorados de la vida. Humano, demasiado humano.



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...En todos los sentidos, este martirio podrá un día ser causa de que el hombre superior se vuelva con amargura contra su propio destino e intente aniquilarse, matarse. Más allá del bien y del mal.



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Se debe vivir de modo que se tenga, en el momento oportuno, la voluntad de morir. El ocaso de los ídolos.



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Hay un derecho que nos permite quitar la vida a un hombre; no lo hay para que le quitemos la muerte: esto es pura crueldad. Humano, demasiado humano.



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Se podrá reprimir un violento deseo de suicidio, sentido muchas veces, cuando se piense en la desolación de sus padres y de sus amigos. Aurora.



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Los parientes del suicida toman a mal que éste no haya seguido viviendo por miramiento a la reputación de su familia. Humano, demasiado humano.



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El que aspira a la gloria debe despedirse a tiempo del honor y ejercer el difícil arte de desaparecer a tiempo. Así habló Zaratustra.