10 nov. 2007

Hugo Chávez y el Fascismo de Izquierda

por Tycol



Hugo Chávez ha dado extensas muestras de su afán obsesivo por obtener el poder irrestricto. No hace mucho (1998) hablaba del sistema cubano calificándolo de Dictadura. No hace mucho propugnaba breves discursos (nada pretenciosos para tratarse de un político) en que ensalzaba las virtudes democráticas y libertarias. No hace mucho el mundo confiaba en Chávez, en sus opiniones, en su ego controlado.

Sin embargo, desde que Chávez asumió el poder, su perfil sicológico se derrumbo, varió completamente el rumbo o se desenmascaró totalmente. Difícil es saber cuál de las tres opciones sea la correcta (hasta puede que sea un combinado de ellas), lo cierto es que el presidente de Venezuela ha sucumbido ante los efectos "especiales" de estar al mando de una Nación.

Chávez (ya a secas) no sólo ha caído en la tentación de abolir a sus rivales, clausurar las trincheras disidentes, cerrar radios, estaciones de televisión, criticar duramente a quien se le ponga por delante y censurar a diestra y siniestra, sino que también ha venido alargando sus discursos (ergo, él considera interesante, entretenido o trascendental lo que manifiesta), desde su programa de radio, hasta cada vez que un ingenuo periodista le pone un micrófono por delante. Su gusto (adicción a estas alturas) por llamar y ser el centro de la atención, no hace más que corroborar estos dichos, provocándole, al parecer, tanto placer, o tan extremo, o tanto y tan extremo, que incluso está promoviendo alargar su estadía en el poder, aduciendo artimañas "legales" de todo tipo, reformas constitucionales, lobbys y manejos que no sólo rozan la legalidad, sino que la trasponen con distancia. En las universidades no hay libertad de pensamiento, en la prensa no hay libertad de pensamiento, en las empresas no hay libertad de pensamiento (de muestra el botón que es la carta de apoyo a Chávez, que se "aconseja" en varios modos y niveles de negociación), mucho menos en el gobierno hay libertad de pensamiento.

El panorama es catastrófico, y de no ser por las generosidades del presidente Chávez (llámese regalos y préstamos de créditos laxos e infinitos a sus países amigos), sus contactos de negocios con su pretendido archi-rival Bush (se le acaba todo el odio a la hora de cobrar los cheques por el petróleo vendido a USA) y un cierto carisma que funciona con un porcentaje de la población, la verdad es que Chávez ya debiera estar retirado en su parcela, practicando viejos discursos frente al espejo o sentado en el diván, hablándole a un terapeuta de paciencia extrema y bolsillos anchos.

Si nadie enfrenta a Chávez (ni interna ni externamente) es por el poder económico que ostenta, el mismo que él dice desdeñar, y que la revolución aquí, y que la igualdad acá. Palabras lindas y que han servido a los políticos desde hace demasiado tiempo (mucho más del aconsejable). Finalmente puras patrañas y mentiras. Lo que pesa acá es el dinero del petróleo.

Si Chávez, el peor fascista de izquierda de la América reciente, representara a un país pobre, es evidente que ya habría sido afecto a la ley del hielo por todos quienes lo rodean. A un ser de ego inmanejable, como él, se lo ignora. Es la única solución: olvido y despedida.