4 nov. 2007

El Último relato de Borges

por Eduardo García de Enterría



Hace unas semanas cené en la casa de un amigo con un juez argentino, y fue inevitable que enseguida nos encontrásemos hablando de Borges. Me ofreció enviarme las sentencias con que los Tribunales argentinos habían resuelto el pleito de nulidad del testamento último de Borges que había promovido Fani, la mucama de Borges (y antes, durante treinta años, de su madre), contra la heredera universal nombrada en ese testamento, María Kodama. Así lo hizo una vez que volvió a Buenos Aires, junto con el extenso dictamen del fiscal de la segunda instancia, especialmente rico en su puntual resumen de pruebas. A resultas de ello, he pasado unos días inmerso, de un modo que no es el usual, en el universo borgiano con un interés encendido.

Desde el punto de vista estrictamente jurídico, la cuestión planteada en el pleito era bastante elemental. Fani (Epifanía Uveda) pedía que se declarase la nulidad del testamento último de Borges, otorgado en Buenos Aires en 1985 ante escribano y tres testigos, días antes de su viaje final a Ginebra, en el cual, casándose con María Kodama, encontró la muerte que buscaba (la boda fue cincuenta y tres días antes). La nulidad pretendía dejar en vigor el anterior testamento de Borges, otorgado en 1979 en favor de la propia Fani (a quien dejaba la mitad de su dinero en efectivo en bancos del país y extranjeros) y de María Kodama.

La razón aducida para esa nulidad era que Borges estaba ya en el momento de otorgar el testamento sin condiciones de discernimiento, que era incapaz y que María Kodama había captado su voluntad aprovechándose de esa circunstancia y haciendo firmar al ciego lo que nadie le leyó. En Derecho español la demanda hubiera tenido muy pocas posibilidades, dada la dificultad de poner en cuestión la fe de capacidad que hace el notario que autoriza el testamento. No parece ser ese el caso en Argentina, de modo que en el proceso, y ese es justamente su interés literario, se ha debatido con profusión sobre la salud mental del testador en sus últimos tiempos, sobre sus actos y sus relaciones y conversaciones en esa época. Han intervenido una veintena de testigos, algunos tan cualificados como Adolfo Bioy Casares, María Esther Vázquez, Antonio Carrizo. Se han aportado libros (el más utilizado, el de Estela Canto, "Borges a contraluz"), artículos, cartas de toda la singular corte borgiana, el libro que surgió en Italia recogiendo sus diálogos con distintos intelectuales italianos en su último viaje en diciembre de 1985 ("Jorge Luis Borges. Una vida de poesía"), tras otorgar el testamento discutido, pieza de una enorme fuerza. Todo el singular entorno de Borges se agita vivo en estas pruebas forenses, que constituirán, a no dudar, un rico material para los biógrafos futuros del fabuloso personaje.

En la reciente biografía de Borges de James Woodal, "La vida de Jorge Luis Borges. El hombre en el espejo del libro", edición española, 1998, el autor afirma que el proceso, aunque protagonizado por Fani, fue organizado para ella por su aliada María Esther Vázquez. María Esther Vázquez, mujer excepcionalmente inteligente, fue desde sus diecisiete años una gran amiga de Borges, a quien éste, cómo no, propuso varias veces matrimonio, que colaboró con él en artículos y libros (como "Introducción a la literatura inglesa" y "Literaturas germánicas medievales", incluidos en sus "Obras Completas en colaboración", 1979), y que, finalmente, ha escrito la que hasta ahora es, a mi juicio, su más vivaz biografía, "Borges, esplendor y derrota", 1996. En este libro inteligente, hecho desde una prolongada y real intimidad con Borges, se anuncia desde su mismo título el final infeliz del gran escritor. Es verdad que en el epílogo del libro intenta explicar la "derrota" en un contexto más amplio que el de su relación final con María Kodama, aludiendo a su desgracia con todas las mujeres que amó y que, finalmente, le abandonaron. "Detrás de ese anciano febril, conocedor de literaturas y de lenguas, dueño de una erudición sólo comparable a su memoria prodigiosa, burlón con quienes le atacaban, duro y hasta cruel con quienes menospreciaba, se ocultaba un adolescente romántico, temeroso, encendido de pasión, que temblaba ante el contacto de la mano querida. Pero, al mismo tiempo, era un hombre que se avergonzaba de las necesidades de su cuerpo, odiaba su cuerpo, desdeñaba la carnalidad, se despreciaba por los oscuros deseos que le encendían la sangre... Las sucesivas Ulrica, Beatriz Viterbo, Matilde Urbach, Teodelina Villar (las pocas protagonistas femeninas enamoradas de sus relatos), conforman un solo rostro inaccesible.

Borges triunfó y se vio envuelto en el esplendor de la fama, de los halagos, de los premios. Eso le hizo feliz. Y, sin embargo, fue incapaz de lograr un amor entero en el momento adecuado. Más allá del esplendor, encontró la derrota". Son las últimas palabras del libro. Pero en el capítulo anterior María Esther Vázquez ha dedicado cuarenta páginas a describir "la década de los viajes y María Kodama", la que va desde 1975 hasta su muerte, 1986. No hay en esta descripción la menor complacencia para María. Ésta se habría apropiado de Borges y le habría forzado a un frenético viaje interminable por el ancho mundo, a la búsqueda de honores, de premios, de dinero, separándole de los viejos amigos con quienes había vivido en una cálida convivialidad. Según el libro, la idea de que Kodama acompañara al Borges ciego -de quien era alumna de anglosajón- en un viaje a los EE.UU. en 1975, el primero de los que luego repetiría tanto, fue de Fani, que siguió cuidando de Borges al fallecer su madre, en 1974. Este primer viaje fue muy satisfactorio. A partir de entonces "la vida de Borges se transformó en una vorágine de publicaciones y, sobre todo, de viajes". María habría explotado con frialdad al anciano escritor acelerando su degradación, es el argumento que se insinúa.

Ese argumento se formalizó en alegato forense en el proceso que comentamos. La demanda llega a decir que en esa década final Borges no publicó, entre los muchos títulos, nada estimable. María Esther Vázquez no llega a decir tanto. Para explicar esa apreciación hay que notar que la mayor parte de lo publicado por Borges en su última década fueron libros de poesía y ésta no ha sido apenas estimada, aunque algunos creemos, como el propio Borges, por cierto, que cuenta entre su mejor obra. Borges publicó entonces una obra poética absolutamente de primer orden, que culmina en su libro último "Los conjurados", donde se encuentran versos inmortales. Borges, pues, no fue precisamente esterilizado por ese supuesto secuestro de María Kodama y merece destacarse que casi todas las obras de esa década están dedicadas a ella, en sus prólogos emotivos y refulgentes.

El juez, primero, la Cámara Nacional de apelaciones después, no tienen gran dificultad en desestimar la acción de nulidad del testamento de Borges. La pericia médica no dejó resquicios sobre su salud mental en los últimos tiempos, sobre su estado de "perfecta razón"; un Borges sin la razón despierta hubiera sido, en efecto, otra persona. Abundaron los testimonios sobre la vinculación afectiva de Borges con María; fue a ella a quien escogió para traducirle a palabras el mundo que no veía y que nunca como entonces recorrió, y sobre todo, para envejecer y para morir, lo que es quizá el grado extremo del amor personal. Alicia Jurado, otra de las mujeres del círculo borgiano con quien también colaboró, declaró que había hablado por teléfono con el Borges moribundo de Ginebra y que le había confesado que estaba muy feliz con su boda.

Al final, creemos comprender que ese proceso ha sido un ajuste de cuentas entre dos de las mujeres de quienes Borges se enamoró. Cuando María Esther Vázquez escribió el texto transcrito según el cual "las sucesivas Ulrica, Beatriz Viterbo, Matilde Urbach... conforman un solo rostro inaccesible", no ignoraba que en la tumba ginebrina de Borges, María había hecho grabar en piedra, junto con párrafos de un viejo poema escandinavo, esta dedicatoria: "De Ulrica a Javier Otálora"; los lectores del cuento borgiano "Ulrica", que recuerdan el apartamiento de la espada separadora, podrán comprenderla.