29 oct. 2007

Armas biológicas y Bioterrorismo

por Amalia Pacheco



El bioterrorismo ha causado conmoción en los últimos años, sin embargo, muchos siglos atrás, estas armas biológicas ya habían sido utilizadas por el hombre para su propia destrucción en las antiguas guerras. Es el caso de los Tártaros, que en el siglo XIV lanzaron cadáveres infectados con la Peste (enfermedad causada por la bacteria Yersinia Pestis) por medio de catapultas hacia la ciudad de Kaffa. Algo parecido ocurrió en la guerra franco-india (1754-1763) por el dominio de lo que hoy conocemos como Canadá, en donde el ejército Británico obsequió a los indios frazadas con las que habían sido abrigados enfermos de viruela. Los romanos lanzaban animales muertos en las provisiones de agua de los enemigos, sin embargo esto significó sólo el comienzo de la utilización de armas biológicas con el objetivo de una “destrucción masiva”. Estos microorganismos, hoy en día, por medio de la tecnología existente, son capaces de provocar una epidemia de alcances alarmantes.

¿En qué consiste un arma biológica? Como su nombre lo indica, son microorganismos vivos, existentes normalmente en el medio ambiente, los cuáles pueden, o no, haber sido adaptados y alterados genéticamente para ser inmunes ante los antídotos o vacunas ya existentes contra ellos. Tales microorganismos, que pueden ser: virus, hongos, bacterias, o sus toxinas, tienen las características de ser altamente letales, con la particularidad de que bajas dosis dan lugar a la enfermedad (de fácil transmisión), ya sea por medio de agua (tularemia), aire (ántrax), alimentos (botulismo), o de persona a persona. La existencia de medidas profilácticas, o terapéuticas, también es muy importante (como en el caso de la viruela, que desde su erradicación no se contempla en el esquema de vacunación de ningún país occidental), y una característica fundamental es la módica cantidad de dinero que se necesita para producirlas, (aproximadamente 100 veces más baratas que una bomba atómica), además la sencilla pericia de su producción. Por lo tanto la elaboración de virus y bacterias se puede dar en un laboratorio barato y de baja tecnología, lo cuál es inverso en la producción de bombas atómicas, por ejemplo, donde la complejidad de las ciencias aplicadas a sus laboratorios permite la detección de los mismos por medio de satélites especializados. Por esto, cualquier nación es capaz de producir microorganismos capaces de ser fuente significativa de un arma biológica.

En fechas recientes cabe mencionar que el ántrax ha sido la bacteria más utilizada en almacenamiento biológico de destrucción masiva. Una prueba fue la explosión que accidentalmente liberó sólo unos miligramos de las esporas del Bacillus antracis en Sverdlovsk, en la ex Unión Soviética, el 2 de Abril de 1979, pocos días después, 96 personas enfermaron de ántrax y 69 murieron. En la Primera Guerra Mundial, Alemania la utilizó contra el ganado de las fuerzas aliadas: España, Noruega, Argentina y Rumania. Por otro lado, la bacteria causante de la Tularemia se utilizó contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial, por los Estados Unidos. Sin embargo el auge de las armas biológicas se dio lugar durante la guerra fría, en las décadas de los años 50 y 60, sobre todo en países como Canadá, Unión soviética, Reino Unido y Estados Unidos.

El año 1972 surgió un tratado, durante la Convención de Armas Tóxicas y Biológicas, donde se prohibe el uso y desarrollo de éstas. El tratado fue firmado por 140 naciones aproximadamente. Sin embargo, hoy se sospecha que algunos países como China, Vietnam, Laos, India, Bulgaria, Taiwán, Siria, Cuba, y sobre todo Corea del Norte, Japón, Estados Unidos e Irán además de algunos países que pertenecían a la Unión Soviética aún ejercen el proceso de elaboración de armamento biológico, con grandes cantidades almacenadas. En 1995, Irak declaró haber examinado el uso perjudicial del ántrax, con la posterior producción de sus esporas. De ésta manera se observa la debilidad de éste tratado, el cuál no cuenta con un elemento de control o verificación del cumplimiento de este acuerdo.

Prácticamente cualquier agente patógeno es capaz de ser manejado con el fin de dar lugar a un arma biológica, sin embargo, no todos cuentan con las características mencionadas anteriormente. Según la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), son de 31 a 39 agentes los que han sido contabilizados como potencialmente útiles para crear un arma biológica, siendo algunos de ellos la peste, botulismo, tularemia, fiebre amarilla, el ébola (fiebre hemorrágica), la influenza, la viruela y el ántrax, siendo los dos últimos los más fácilmente alterables, o reproducibles.

Es necesario construir métodos eficaces de fiscalización y control (algo impensable en el caso de Estados Unidos, quien fiscaliza y controla a todos, pero nadie lo controla a él como productor de armamento terrorista). Sin este control, y considerando el bajo costo de producción y relativa facilidad de manejo e implante, la posibilidad de un desastre mayor (o de varios pequeños y medianos) es cercana y real. De alguna manera es imprescindible exigir, a los países productores, transparencia y honestidad en sus fases de experimentación, análisis y producción biológica. Aún pensando en la facilidad de implementación de una forma de control, nos encontramos, una y otra vez, con la tosudez, prepotencia y fascismo norteamericano, que al parecer no está dispuesto a reducir su dominación en el resto del planeta.

Incluso con medidas de prevención (fabricación e investigación de vacunas, estudio de la información e identificación genética de los microorganismos, etc.) y los miramientos que la OMS ha dispuesto para contrarrestar la elaboración de armas biológicas, las masas se encuentran sumamente vulnerables a éste tipo de agresión en caso de una guerra biológica. El terrorismo tiene en sus manos una poderosa arma para provocar una catástrofe masiva, donde el planeta entero corre peligro.





La forma de actuar de algunos agentes potenciales en guerras biológicas, medicina terrorista, o utilizados a través de la historia, son los siguientes:

Ántrax: Producido por la bacteria “bacillus antracis”. Es un bacilo gram positivo que produce esporas. Pertenece a la familia de agentes causales de tétanos, gangrena y botulismo. Es capaz de producir tres variedades de la enfermedad. Una de ellas, la cutánea, siendo muy común en algunos países, se adquiere al estar en contacto con esporas en los ojos o heridas. Raras veces es mortal. Otra variedad es la gastrointestinal. Al ingerir las esporas de ésta bacteria se produce una inflamación intestinal grave, con diarreas fuertes y vómitos sanguinolentos. Esta forma puede ser mortal hasta en un 60%. La forma pulmonar es la más rara, pero la más frecuentemente utilizada en bioterrorismo. Se adquiere al inhalar las esporas. Tiene una mortalidad de hasta el 95% de los casos en los primeros 1 a 3 días. La enfermedad se puede curar sólo con la administración de antibióticos dentro de las primeras 24 a 48 horas después del comienzo de los síntomas; siendo los más comunes la tos, dolor muscular, dolor de cabeza, de pecho, disnea, expectoración y otros síntomas prodrómicos. Por lo tanto es de difícil diagnóstico. El costo de devastar con ántrax un km cuadrado de territorio es aproximadamente de un dólar (en comparación de los 2000 dólares que costaría el hacerlo con armas convencionales). Éste ha sido el microorganismo más utilizado en la historia de las armas biológicas.

Viruela: Causada por un virión perteneciente a los “poxvirus”, es una enfermedad sumamente contagiosa (persona a persona), con una mortalidad cercana al 90%. Después de un periodo de incubación de alrededor de 9 días, surgen bruscamente síntomas como escalofríos, vómito y fiebre muy elevada, además de la aparición de lesiones hemorrágicas y pustulosas por toda la superficie corporal que se extienden hacia mucosas y órganos internos. Esta forma maligna (viruela negra), es la forma mayormente utilizada por los terroristas, y siempre es mortal. El último caso de viruela se presentó en Somalia, en 1977, y la OMS declaró a la viruela “erradicada” de la faz de la tierra en el año de 1980. Sin embargo aún existen dos laboratorios donde se encuentra una muestra letal del virus, uno de ellos, en Novosibirsk, Rusia, el otro, una vez nás, en el Centro de Control de Enfermedades (CDC), en Atlanta, Estados Unidos. Fue indicado a ésos países eliminarlas en 1999, sin embargo, tanto una como otra nación se negaron a hacerlo, debido a las sospechas de que uno de los dos continuaría almacenándolo como arma biológica. La población que se encuentra alrededor de los 20 años es particularmente susceptible a la viruela. Por otro lado, la vacuna no se encuentra en cantidades suficientes para enfrentar una epidemia. Además la vacunación por primera vez, en mayores de cuatro años, es capaz de producir una encefalitis postvaccinal con mortalidad del 40%. Como arma biológica supera al ántrax, es muy resistente y virulento, siendo capaz de permanecer incluso años en la ropa y otros objetos. Por lo tanto, un solo caso de viruela, sin tener averiguación de contagio, ya se considera como epidemia.

Ébola: Pertenece al género de los “filovirus”, siento uno de los más devastadores virus que existen. Se han descubierto tres subtipos que afectan a los humanos: ébola-Zaire, ébola-Sudán, y ébola-Ivony, además de otros subtipos que sólo afectan a los monos, (de ahí la teoría que su transmisión natural fue por zoonosis). El contagio se presenta de persona a persona, al inhalar gotitas aerotransportadoras del virus, o por medio de vectores (orina de roedores). Su mecanismo de acción no es del todo conocido, pero se cree que consiste en destrucción celular. Posterior al periodo de incubación (4 días a 2 semanas) comienzan lo síntomas, prodrómicos, como dolor muscular, de cabeza, fiebre, disminución del apetito; posteriormente se observa diarrea y vómitos graves, disminución de la coagulación, lo cuál está relacionado con hemorragias internas (de las mucosas y órganos, incluyendo cerebro), por lo tanto existen sangrados nasales y de los oídos. En las fases avanzadas, el vómito conjuntamente presenta sangre y contenido de órganos desintegrados. No existe tratamiento para el ébola, sólo el aislamiento de los infectados. La enorme virulencia, la veloz y amplia mortalidad, hacen a esta enfermedad especialmente llamativa para fines terroristas.

Peste (plaga): En la historia de la humanidad la Plaga ha tenido un impacto profundo, ya que fue una de las grandes epidemias de la historia, en el año 541, la pandemia comenzó en Egipto, con la posterior diseminación al resto del mundo, la cuál tuvo una duración de 4 años aproximadamente, dando lugar a una pérdida del 50-60% de la población existente. Ulteriormente, en el año de 1346, sobrevino otra Plaga (conocida como Muerte Negra) que mató a cerca de 13 millones de personas. Esta enfermedad se da a lugar por el bacilo “Yersinia Pestis”. Se transfiere naturalmente por contacto con roedores o sus pulgas infectadas (mordedura, o picadura), provocando la llamada enfermedad Peste bubónica (la palabra bubón, término griego que significa ingle), donde se forma una tumefacción dolorosa por la gran proliferación de bacterias en ganglios inguinales y axilares. Después de un periodo de incubación de 1 a 6 días, la bacteria sale de los ganglios y se propaga por los órganos y sangre, ésta se torna color negro, dejando manchas bajo la piel. Su alta mortalidad y la gran resistencia al calor convierten al bacilo de la peste en objeto de elección para la elaboración de un arma biológica. Incluso, durante los años 60’s, Estados unidos y la Unión Soviética crearon programas de armas biológicas con la fabricación en aerosol de las partículas de la Plaga (de ésta forma se provocarían neumonías). La forma pulmonar en la naturaleza es rara, 1% de los casos contra 80% de la forma ganglionar y 5% de la forma cutánea, la cual origina manchas hemorrágicas azulosas, colapso de las arterias y un curso mortal (Muerte Negra). Sin embargo, en un ataque terrorista la manera de acometer sería aérea, con la inhalación de las partículas, produciendo neumonía grave, acompañada de tos con sangre y cianosis; forma sumamente contagiosa y mortal. Si se diseminaran 50 Kg. de Yersinia Pestis en aerosol sobre una ciudad, daría lugar a 150.000 casos de neumonía aguda, con una mortandad del 25%. Existe una vacuna efectiva para prevenir la Peste bubónica, sin embargo no está disponible en suficiente cantidad ante un ataque terrorista de grandes dimensiones.

Botulismo: El mecanismo de daño de esta bacteria ocurre al ingerir su toxina, (la cuál se libera durante la autólisis de la bacteria); siendo probablemente la más peligrosa de todas, ya que se necesitan de 1 a 2 ug de la misma para causar la muerte. Al llegar el tóxico a su destino, la terminal nerviosa impide la salida de neurotrasmisores, dando como resultado parálisis flácida. La toxina es altamente resistente al calor, fácil de manipular, transportar y conservar. Después de un periodo de incubación de 18 a 24 horas, produce trastornos para hablar, ver o deglutir. En un periodo de horas la parálisis evoluciona hasta el centro controlador de la respiración y origina la muerte. En forma natural se encuentra en alimentos ahumados, al vacío, o enlatados sin cocinar. Aunque es enormemente baja la cantidad de toxina necesaria para producir los efectos citados anteriormente, para provocar una catástrofe masiva, son necesarias grandes cantidades del mismo, por lo tanto su selección como armamento biológico no adquiere el interés de la mayoría de los grupos terroristas.