23 sep. 2007

En las cámaras de gas de Auschwitz

por Fred A. Leuchter



Introducción

1988 fue un año informativo e inquietante. Quedé pasmado al comprender que una gran parte de lo que fui enseñado en la escuela sobre la historia el siglo XX y la Segunda Guerra Mundial era un mito -si no una mentira-. Primero estuve sorprendido; después molesto; después tomé conciencia: el mito del Holocausto estaba muerto. Como todos los niños americanos nacidos durante y después de la Segunda Guerra Mundial, fui enseñado sobre el genocidio perpetrado por los Nazis sobre los Judíos. Hacia la época en que alcancé la Universidad, no tenía ninguna razón para dudar en nada de mi educación, excepto que tenía algunos problemas para tragarme los números de muertos, que se dijeron que eran un total de más de seis millones de personas. Pero ahí paró. Yo creía en el genocidio Nazi. No tenía ninguna razón para no creer.


Antecedentes

Durante los últimos nueve años he trabajado en la mayoría de los estados de los Estados Unidos que tienen pena capital. Diseño y fabrico equipamiento para ejecuciones de todo tipo, incluyendo sistemas de electrocución, equipamiento para inyecciones letales, horcas y equipos de cámaras de gas. He sido consultado, o suministrado equipamientos, a la mayoría de los estados y al gobierno federal. Debido a mi asociación con los estados en esta materia, fui recomendado a la defensa de Zündel como asesor sobre cámaras de gas por Warden Bill Armontrout del Penitenciario del Estado de Missouri. Después de contestar mi teléfono en esa fría tarde de Enero, me reuní con el Dr. Robert Faurisson dos veces en Boston y, como resultado de estos encuentros, fuí citado en Toronto para reunirme con Ernst Züendel, el abogado Douglas Christie y el resto del muy capacitado equipo de Züendel. El Dr. Robert Faurrison había postulado trece años antes que un especialista en cámaras de gas debía ser buscado para poder evaluar las que se afirmaban que eran cámaras de gas en Polonia y para informar sobre su eficacia para objetivos de ejecución.

El fin de semana del día de San Valentín nos encontrábamos yo y Carolyn, mi mujer desde hace dos semanas, en Toronto. Siguieron dos días de largas reuniones, durante las cuales me enseñaron fotos de las que se afirmaban que eran cámaras de gas en Polonia, documentos Alemanes y fotografías aéreas de los Aliados. Mi examen de este material me llevó a cuestionarme si estas cámaras de gas eran de hecho, instalaciones de ejecución. Se me preguntó si iría a Polonia y si realizaría una inspección física y un análisis forense reflejando los resultados en una evaluación escrita de estas supuestas cámaras de gas, algunas en sitios de los que jamás había oído hablar. Después de una debida consideración, acepté e hice planes para ir a Polonia, aguardando una fecha con una mínima capa de nieve. También declaré que aunque las fotos y los documentos parecían apoyar la opinión de que estos lugares no eran, de hecho, instalaciones de ejecución, me reservaría el juicio final hasta después de mi examen y, si determinaba que estas instalaciones eran, de hecho, o pudieron haberlo sido, cámaras de gas para ejecuciones, yo declararía ésto en mi informe. El informe final pensaba ser utilizado como evidencia por la defensa de Ernst Zündel en su juicio criminal pendiente en Toronto, y debía estar preparado para testificar bajo juramento. Los preparativos para el viaje me requirieron llevar sencillas bolsas, revistas de documentación y herramientas. Muy pocos turistas llevan martillos, cinceles, taladros y cinta para medir mientras viajan. Los escondí en el forro de mi maleta y esperé que ocurriese lo mejor. Además, tenía mapas de Polonia, Checoslovaquia y Austria, en el caso de que tuviésemos que realizar una apresurada y no programada salida. Y finalmente, los regalos con los que sobornamos a las personas del museo para que nos suministrasen copias de documentos de los Archivos del Museo.

Fui afortunado al tener un competente y seguro grupo de profesionales: mi mujer Carolyn, mi asistente general; el Sr. Howard Miller, delineante; el Sr. Juergen Neumann, cinematógrafo; el Sr. Tijudar Rudolf, intérprete. Todos sabían, que si nos cogían, el gobierno Polaco tendría un tenebrosa visión de nuestras actividades y propósitos (poner en riesgo una veracidad tomada por segura es siempre complicado), dejando de lado la supresión de mis muestras de Santuarios y Monumentos Nacionales.


El viaje

El 25 de Febrero de 1988, tomamos rumbo a Polonia. Neumann y Rudolf, el contingente canadiense, se unieron a mí y al resto del equipo en Frankfurt. Llegamos a Cracovia a última hora de la tarde y pasamos nuestra primera noche en el Hotel Orbis. Al siguiente día fuimos en coche a Auschwitz. Llegamos al Hotel de Auschwitz y fuimos saludados por el olor a desinfectante de sulfuro de nafta, un olor con el que no me había encontrado en muchos años. El hotel es aparentemente el alojamiento de los antiguos oficiales del campo. Comimos en el comedor del Hotel, una instalación al estilo de una cafetería. Esta fue nuestra primera comida no identificable, sopa de almidón y varios. Realizamos una visita de reconocimiento del campo, durando hasta la tenebrosa luz del la tarde polaca y varias ráfagas de nieve, un hecho común. No cenamos, ya que no encontramos lugar alguno para comer en Auschwitz después de la puesta de sol en nuestra primera noche.


Auschwitz y Birkenau

El siguiente día empezamos nuestro trabajo en las que se afirmaban que eran cámaras de gas en el complejo de Auschwitz. Desafortunadamente, fuimos incapaces de avanzar mucho debido a las constantes interrupciones de las visitas del domingo, tanto oficiales como no oficiales. Carolyn se mantuvo en guardia en una entrada y Tijduar en la otra, avisándome a mí, a Jurgen y a Howard de su llegada. Era demasiado peligroso el tomar muestras forenses y filmar, por lo que nos fuimos a Birkenau hacia el mediodía. En Birkenau empezamos un paseo de cuatro horas inmersos en el frío polaco y a través de ráfagas de viento y nieve tan densas que no podíamos vernos los unos a los otros a distancias mayores de unos pocos pies. Desafortunadamente, no esperamos el pasar tanto tiempo caminando a través de campo y, dado que los vehículos no están permitidos en su interior, dejamos a Carolyn detrás nuestro en el coche. Dado que olvidamos el dejarle las llaves, casi se congela en la fría tarde polaca. Visitamos los barracones, los Crematorios II, III, IV y V, el sauna y los supuestos hoyos de cremación. Tomamos muestras, documentamos nuestras actividades en cinta de vídeo y en fotos, e hicimos dibujos a escala de estas instalaciones, documentando cuidadosamente los lugares de donde retiramos todas las muestras forenses. Tuvimos que forzar la entrada al edificio del sauna, ya que estaba cerrada. En el Crematorio II; descendí a las profundidades de la supuesta cámara de gas, un mojado, húmedo lugar subterráneo no visitado por el hombre en casi cincuenta años. ya que el edificio había sido reducido a añicos, probablemente por un equipo militar de demoliciones Alemán. Afortunadamente, había menos guardias y menos tráfico peatonal, haciendo nuestras condiciones de trabajo considerablemente mejores que las que tuvimos antes, en Auschwitz.

Al día siguiente, empezamos nuevamente nuestro trabajo en Auschwitz, habiendo finalizado las visitas dominicales. Fuimos capaces de obtener nuestras muestras, cintas y documentación. Habíamos, para entonces, obtenido huellas azules de las supuesta instalación de cámaras de gas y éramos capaces de seguir los cambios estructurales hasta las fechas en cuestión. También verificamos la existencia de un desagüe en el suelo en el período de tiempo del uso de las supuestas cámaras de gas. Condujimos nuevamente a Birkenau para tomar nuestra muestra de control en la instalación de desinfección número 1. Desafortunadamente, el edificio estaba cerrado y otra vez tuvimos que forzarlo y entrar para acceder a la cámara de desinfección. Otra vez comimos en la estación de autobuses, y nos retiramos pronto al Hotel. En la mañana del martes, mientras esperábamos el fallido intento de Tjudar de obtener una lata de Zyklon-B, Jurgen y yo realizamos unas cintas de vídeo de los lugares dentro del campo. Nos trasladamos del Hotel Auschwitz a un hostal cercano, obteniendo unas habitaciones recién dejadas libres. Comimos en la estación de autobús y nos retiramos pronto. En al mañana del miércoles comimos un muy agradable desayuno de jamón, queso y pan, y empezamos nuestro viaje a Lublin para ver Majdanek. Tras un último vistazo a Auschwitz, cogimos el coche hacia Majdanek.

Varias horas después, llegamos a Majdanek y visitamos el Museo, la reconstrucción de la supuesta cámara de gas y del crematorio. Finalmente llegamos a la desinfección 1 y 2 y examinamos las instalaciones. Era extremadamente difícil trabajar, ya que el guardia hacía rondas cada diez o quince minutos. Las cámaras de gas estaban bloqueadas con puertas y no accesibles para una inspección detallada para el público general. Era necesario el traspasar estas puertas para entrar en las áreas prohibidas. Otra vez Carolyn y Tijudar se mantuvieron vigilando mientras yo tomaba medidas y hacía un examen detallado de estas áreas. Una vez casi nos sorprenden: fui forzado a pasar el obstáculo de la puerta y estaba todavía en el aire en medio de un salto cuando entró el guardia. Afortunadamente, estaba más interesado en Jurgen y su cámara como para verme a mí antes de que tocase el suelo.


El retorno

El campo cerraba a primera hora de la tarde y el guardia, algo antipático, nos dijo que lo abandonásemos. Hacia las tres estabamos de camino hacia Varsovia, un viaje que nos llevaría cinco horas a través de la lluvia y la nieve. Nuestra reserva del hotel se perdió, pero afortunadamente, con la ayuda de un miembro de la embajada, pudimos pedir habitaciones en otro hotel. A la mañana siguiente desayunamos y nos dirigimos al aeropuerto para nuestro viaje de vuelta. Subimos abordo del avión de las líneas polacas tras pasar por aduanas -mi maleta, contenía veinte libras (nueve kilos) de muestras prohibidas, afortunadamente ninguna de las cuales fue encontrada-. No respiré tranquilo hasta que pasamos el puesto de control de pasaportes de Frankfurt. Nuestro equipo se dividió en Frankfurt, para los viajes de regreso a Estados Unidos y Canadá, respectivamente. Tras nuestra vuelta (el 3 de Marzo), entregué las muestras forenses en un laboratorio de ensayos de Massachusetts. Tras recibir los resultados de las pruebas, preparé mi informe, combinando mi conocimiento sobre las instalaciones de cámaras de gas y los procedimientos con el estudio que había completado en los crematorios y con las respuestas de fabricantes de los Estados Unidos. Con los resultados de mi investigación creo que todos están familiarizados.



Los resultados

1. Cámaras de gas

Los resultados publicados en el Informe Leuchter son algo importante. Categóricamente, ninguna de las instalaciones examinadas en Auschwitz, Birkenau y Lublin pudieron haber aguantado, ni de hecho aguantaron, múltiples ejecuciones utilizando ácido cianhídrico, monóxido de carbono o cualquier otro supuesto o actual gas letal. Basándonos en unas muy generosamente máximas estimaciones para todas las supuestas cámaras de gas, contabilizando 1.693 personas por semana, y asumiendo que las instalaciones podían albergar ejecuciones con gas, se hubiesen necesitado sesenta y ocho años para ejecutar al supuesto número de seis millones de personas. Esto quiere decir que el Tercer Reich debería haber existido durante unos setenta y cinco años. Considerar estas instalaciones como capaces de efectuar ejecuciones masivas, múltiples o incluso individuales, es ridículo e insultante para cualquier individuo de este planeta. Más aún, aquellos que promocionan esta falsedad son negligentes e irresponsables por no investigar estas instalaciones antes y cerciorarse de la verdad antes de adoctrinar al mundo con lo que puede haberse convertido en el mayor truco propagandístico de la historia.

2. Crematorios

De igual importancia son los errores exterminacionistas relativos a los crematorios. Si estos crematorios, operando a un ritmo teórico máximo cada día, sin parar momento alguno y a un ritmo constante (una situación imposible), y si aceptamos la cifra de al menos seis millones de ejecuciones, el Tercer Reich duró durante al menos cuarenta y dos años, ya que hubiese llevado treinta y cinco años como un imposible mínimo para cremar a estos seis millones de cuerpos. Nadie, por mucho que extienda su imaginación, podría afirmar (ni siquiera pensar) que el Tercer Reich duró setenta y cinco años, ni siquiera cuarenta y dos, pero nos quieren hacer creer que seis millones de almas fueron ejecutadas con un equipamiento que posiblemente no pudiese haber funcionado, más que un séptimo del tiempo mínimo necesario para ello.

3. Forense

Las muestras forenses fueron tomadas de los lugares visitados. Una muestra de control fue retirada de la instalación de desinfección 1 en Birkenau. Se postuló que debido a alto contenido en hierro de los materiales del edificio, en estos campos la presencia de ácido cianhídrico resultaría en la formación de un compuesto ferrocianuro férrico, como se evidencia por el azul prúsico en las paredes de las instalaciones de desinfección. Un análisis detallado de las treinta y dos muestras tomadas en los complejos de Auschwitz-Birkenau mostraron 1,050 mg/Kg de cianuro y 6,710 mg/kg de hierro. Resultados mayores fueron encontrados en las así llamadas cámaras de gas pero ninguna huella significativa de cianuro. Esto sería imposible si estos sitios estuvieron expuestos al gas del ácido cianhídrico, porque fueron supuestamente expuestas, las cámaras, a cantidades mucho mayores de gas que la instalación de desinfección. Sin embargo, el análisis químico apoya el hecho de que estas instalaciones nunca fueron utilizadas como instalaciones de ejecución por gas.

4. Construcción

La construcción de estas instalaciones muestran que nunca fueron utilizadas como cámaras de gas. Ninguna de estas instalaciones estaban selladas. No se tomó nunca ninguna medida para prevenir la condensación de gas en las paredes, en el suelo o en el techo. No existió medida alguna para que se escapase la mezcla aire-gas de estos edificios. No existió medida alguna para introducir o distribuir el gas a lo largo de la cámara de gas. No existió alumbrado resistente a explosiones y no se hizo ninguna vez un intento para prevenir que el gas entrara en los crematorios, aún cuando el gas es altamente explosivo. No se tomó ninguna medida para proteger a los operarios de la exposición al gas o para proteger a las personas no participantes de la exposición. Específicamente, en Auschwitz, un desagüe en el suelo estaba conectado directamente al desagüe principal del campo. En Majdanek, un camino con pendiente hacia adentro, alrededor de la supuesta cámara de gas hubiera recogido la filtración del gas y hubiera traído como resultado una trampa mortal para el personal del campo. Ningún motor de extracción existió jamas. El gas del ácido cianhídrico es extremadamente peligroso, es un gas letal y en ningún lugar habían medidas para realizar un manejo seguro. Las cámaras eran demasiado pequeñas para acomodar más de una pequeña fracción de los números que se afirman. Simple y llanamente, estas instalaciones no podrían haber operado para cámaras de gas de ejecuciones. Es absolutamente descabellado e ignorante pensar en la posibilidad.

5. Conclusión

Tras un examen minucioso de las supuestas instalaciones de ejecución en Polonia y sus crematorios asociados, la única conclusión a la que se puede llegar por una persona responsable, racional e informada, es el absurdo de la idea de que estas instalaciones fueron utilizadas como cámaras de gas para ejecuciones.