21 jul. 2007

Un acto de injusticia

por TyCol




Un acto injusto se repite, una y otra vez. Independientemente del lugar geográfico (donde Palestina es un ejemplo paradigmático), político (ejemplos sobran), cultural (basta recordar las lógicas de distribución de los fondos culturales), o deportivo, entre otros.
Esta repetición, por algún extraño motivo produce una especie de aletargamiento en el aparato reflexivo-crítico del ser humano, de quien se ve expuesto ante el acto injusto. La repetición de un acto injusto provoca acostumbramiento y, por lo tanto, disminución del acto opositivo, de enfrentamientos (del tipo que sean), de debates, de críticas, de concilios u oposiciones.

Un acto injusto repetido supone una conciencia superior que instala y promueve tal repetición a voluntad. Esta conciencia superior dispone (en su peor acepción) de grupos sociales, tribales, étnicos, nacionales, estaduales, religiosos, espirituales y hermenéuticos en general, a su total agrado y desparpajo.
Mientras más repetido sea el acto injusto, más "aceptable" se torna. Mientras más tiempo haya transcurrido entre la primera y última aparición del acto injusto, más "aceptable" se torna. Mientras mayor cantidad de presencias en la prensa, más "aceptable" se torna. Mientras más gente de interés popular tome partido por la causa injusta, más "aceptable" se torna ésta. Mientras mayor sea el poder económico que ostente este grupo que representa esta conciencia superior de la que hablamos, más "aceptable" se torna el acto injusto. Mientras más conexiones de todo tipo que tenga este grupo, mientras mayor sea el cinismo, la necesidad, etc.

Ante esta debacle, ante este espectáculo tan siniestro y decadente, es poco lo que se puede hacer. Algún reclamo de tipo simbólico, alguna marcha, reclamos a la ONU (quien emite insulsos comunicados y dictámenes que son ignorados en su totalidad), a la FIFA (que reacciona de la misma manera), a la OEA (que ni siquiera reacciona), etc. Lo que nos lleva a la conclusión de que estas grandes instituciones, que deberían ser garantes de la Justicia (así con mayúsculas y a secas), se ven entrampadas en juegos de poder, asumiendo posiciones parciales y hasta participando, directa o indirectamente, de algunos de estos grupos de conciencia que se benefician directamente de la repetición infinita de los actos injustos de los que hablamos.

Es fácil comprender, y hasta apoyar en algunos casos, desde esta perspectiva, los actos contestatarios extremos, el terrorismo, la violencia, los desenmascaramientos masivos, las inmolaciones y los ataques suicidas, entre otras posibles causas de acción desesperada. Es decir, ¿cómo más se puede enfrentar un acto de injusticia tal, impuesto arbitrariamente, repetidamente, aceptadamente?
En este caso, es mejor tirar la primera piedra, aunque jamás sea la primera, porque ésa ya ha sido lanzada, por los grupos dominantes, de injusticias recurrentes, fascistas, detestables, imperiales, destinados a la victoria oficial, a la triste y desde siempre falsa "verdad oficial".