5 dic. 2006

Poniendo palabras en la boca de Ahmadinejad

por Virginia Tilley





En medio de esta escalofriante confusión que es el Medio Oriente, pongamos una cosa en claro. Irán no está amenazando con la destrucción a Israel. El presidente de Irán no ha amenazado con ninguna acción contra Israel. Una y otra vez escuchamos que Irán está “claramente decidida a aniquilar a Israel” porque el “demente” o “irresponsable” o “duro” Presidente Ahmadinejad repetidamente ha amenazado con destruir a Israel. Pero cada supuesta cita textual, cada supuesta instancia de hacerlo, es una mentira. La cita más infame, “Israel debe ser borrada del mapa”, es la más extrema de las mentiras. En su discurso de octubre del 2005, el señor Ahmadinejad nunca usó la palabra “mapa” o el término “borrar”. De acuerdo a expertos en la lengua farsi, como Juan Cole e incluso servicios derechistas como MEMRI, lo que en ese momento dijo fue “este régimen que está ocupando Jerusalén debe evaporarse de la página del tiempo”. ¿Qué quiso decir? En su discurso en una reunión anual antisionista, el señor Ahmadinejad estaba siendo profético, no amenazante. Estaba citando al Imán Jomeini, quien dijo esta frase en la década del 80 (una época en la que Israel estaba vendiendo armas a Irán, de manera tal que no era visto tan terroríficamente en ese entonces).

El señor Ahmadinejad recientemente ha recordado a su audiencia que el régimen del Sha, la Unión Soviética y Saddam Hussein habían tenido, al parecer, un enorme poder y se presentaban como inamovibles y, sin embargo los dos primeros se han evaporado casi más allá del recuerdo y que el tercero languidece hoy en prisión. De modo que el “régimen que ocupa” Jerusalén también puede desaparecer algún día. Su mensaje fue, en esencia: “Esto también pasará”. Bien, pero ¿qué pasa con sus otras “amenazas” contra Israel? Los medios hicieron mucho bombo con su supuesto y posterior comentario en el mismo discurso. “No hay duda: la nueva ola de agresiones en Palestina borrarán el estigma de la tolerancia del mundo islámico”. “Estigma” fue interpretado como “Israel” y “ola de agresiones” fue ominoso. Pero, lo que realmente dijo fue “No tengo dudas de que el nuevo movimiento que tiene lugar en nuestra querida Palestina es una ola de moralidad que esta abarcando todo el mundo islámico y que muy pronto removerá este baldón de desgracia del mundo islámico”. “Ola de moralidad” no es “ola de agresiones”. La oración precedente deja claro que el “baldón de desgracia” era el fracaso del mundo islámico en eliminar “el régimen de ocupación”.

Durante meses, académicos como Cole y periodistas como Jonathan Steele, del “The Guardian” de Londres, han estado denunciando estos errores de traducción a medida que iban apareciendo: por ejemplo, las observaciones del señor Ahmadinejad en la reunión de la Organización de Países Islámicos del 3 de agosto del 2006. La radio Europa Libre informó que el dijo “que la “cura principal” para la crisis en el Medio Oriente es la “eliminación de Israel”. “Eliminación de Israel” implica destrucción física: bombardeos, destrucción, terror, arrojar a los judíos al mar. Tony Blair denunció la traducida declaración como “bastante impresionante”. Pero el señor Ahmadinejad nunca dijo eso. De acuerdo a Al Jazeera, lo que realmente dijo fue: “La cura real para este conflicto es la eliminación del régimen sionista, pero primero debería haber un inmediato cese del fuego”.

Los nefastos órdenes del día consisten, evidentemente en traducir “eliminado el régimen de ocupación” como “destrucción de Israel”. “Régimen” se refiere al gobierno, no a la población o las ciudades. “El régimen sionista” es el gobierno de Israel y su sistema legal, el cual ha anexado la tierra palestina y mantiene a millones de palestinos bajo ocupación militar. Muchos e importantes activistas de derechos humanos creen que el “régimen” de Israel debe ser, por cierto, transformado, aunque no estén de acuerdo en cómo. Algunos esperan que Israel pueda ser redimido por un cambio de filosofía y de régimen (gobierno) que permitiría una solución tipo dos estados. Otros creen que el Estado Judío en sí mismo es inherentemente injusto, que está incrustado de principios racistas en su estructura estatal, y apelan a su transformación en una democracia secular (cambio de régimen). Ninguna de esas ideas sobre cambio de régimen significan la expulsión de los judíos al mar o el arrasamiento de sus aldeas y ciudades. Significan cambios políticos profundos, necesarios para crear una paz justa.

El señor Ahmadinejad hizo otras declaraciones en la Organización de Países Islámicos que indicaban claramente su comprensión de que Israel debe ser tratado dentro del marco del derecho internacional. Por ejemplo, reconoció la realidad de las actuales fronteras cuando dijo que “ningún agresor volvería a las fronteras internacionales libanesas”. Reconoció la autoridad de Israel y el papel de la diplomacia observando que “las circunstancias deberían prepararse para el retorno de los refugiados y desplazados, y deberían ser intercambiados los prisioneros”. También llamó a un boicot: “También proponemos que las naciones islámicas inmediatamente corten todas sus relaciones políticas y económicas públicas y no públicas con el régimen sionista”. Una inmensa cantidad de grupos pacifistas judíos, grupos religiosos norteamericanos e innumerables organizaciones de derechos humanos han dicho lo mismo.

Hay algunas palabras finales sobre el supuesto dicho del señor Ahmadinejad sobre la “negación del Holocausto”. La negación del Holocausto es un tema muy sensible en Occidente, donde, notoriamente, sirve al antisemitismo. En cualquier parte del mundo, sin embargo, la confusión acerca del Holocausto significa sobre todo una falta de información. Se podría pensar que hay mucha información acerca del Holocausto alrededor del mundo, pero esto es un error. (Para ser presuntuosos, los americanos muestran la misma sorprendente insularidad respecto al conocimiento general cuando, por ejemplo, viven su vida adulta sin comprender que las fuerzas armadas norteamericanas mataron por lo menos dos millones de vietnamitas y creen que quien afirme esto es un antinorteamericano. La mayoría de los franceses no han aceptado todavía que su ejército liquidó a un millón de árabes en Argelia). El escepticismo sobre el relato del Holocausto comenzó a afirmarse en el Medio Oriente no porque la gente odie a los judíos sino porque el relato carece, por largos pasajes, de consistencia, y además está desplegado para argumentar que Israel tiene derecho a “defenderse” de los ataques de cada país vecino. El público del Medio Oriente está tan acostumbrado a los argumentos occidentales legitimadores de la opresión colonial o imperial que algunos se preguntan si el argumento de seis millones de muertos no es otro mito o un cuento exagerado. Más aún, el señor Ahmadinejad no dijo lo que el Subcomité norteamericano de Política de Inteligencia informó que había dicho: “Han inventado el mito de que los judíos fueron masacrados y colocan esto por encima de Dios, la religión y los profetas”. Lo que realmente dijo fue: “En nombre del Holocausto han creado un mito y consideran que él es más merecedor que Dios, la religión y los profetas”. Este lenguaje apunta al mito del Holocausto, no al Holocausto en sí mismo; esto es “mito” como “mistificación” o lo que ha sido hecho con el Holocausto. Otros escritores, incluyendo importantes teólogos judíos, han criticado el “culto” o el “espíritu” del Holocausto sin negar que haya ocurrido. De cualquier manera, el principal mensaje del señor Ahmadinejad ha sido que “si el Holocausto ocurrió como Europa afirma que ocurrió, entonces Europa, y no el mundo musulmán, es responsable por ello”.

¿Por qué el señor Ahmadinejad está siendo sistemáticamente mal citado y demonizado? ¿Necesitamos preguntarlo? Si el mundo cree que Irán está preparando un ataque a Israel, EE.UU. o Israel pueden justificarse si atacan primero a Irán. En esta agenda la campaña de desinformación sobre las declaraciones del presidente Ahmadinejad han estado atadas a una segunda ristra de mentiras: la promoción del programa iraní de armas atómicas.

El escándalo en curso sobre el programa iraní de enriquecimiento de uranio está actuando de modo tan idéntico a las mentiras sobre las armas de destrucción masiva de Iraq que deberíamos preguntarnos por qué no encuentra tan sólo una estruendosa burla internacional. Con un múltiple temario en relación a Irán –petróleo, hegemonía norteamericana, Israel, las fantasías neocons sobre un “nuevo Medio Oriente”- la administración de Bush ha planteado un gigantesco temor internacional sobre el programa de enriquecimiento nuclear de Irán. Pero, investigando en las instalaciones y registros de Irán, la Agencia Internacional de Energía Atómica no ha encontrado evidencias de un programa de armas nucleares. Tampoco la comunidad de inteligencia norteamericana ha encontrado nada.

Todos los expertos coinciden en que, incluso si Irán tuviese semejante programa, todavía faltan entre cinco o diez años para que tenga el uranio enriquecido necesario para un arma atómica, de modo que acciones militares preventivas son escasamente necesarias. El reciente informe del subcomité de Política de Inteligencia, dominado por los republicanos, que remarcó que el gobierno de los EE.UU. carece de la información de inteligencia necesaria para frustrar el programa iraní de armas atómicas, confirma efectivamente que la supuesta “inteligencia” está remendada y es inadecuada.

Los neocons intentan cambiar el régimen en Irán y para ello han desplegado sus propagandistas para promover el miedo a las “armas nucleares” así como promovieron el miedo a las armas de destrucción masiva iraquíes. La retórica republicana y los comentaristas de derecha se han alineado, repitiendo obedientemente las infundadas afirmaciones de que Irán tiene un “programa de armas nucleares que está amenazando al mundo y especialmente a Israel”. Todos aquellos que, nerviosamente, señalan que se carecen realmente de evidencias sobre un “programa de armas nucleares” iraní son considerados como ingenuos y cobardes.

Peor aún, la administración Bush ha traído a las Naciones Unidas este muñeco de nieve, forzando al Consejo de Seguridad a aprobar una resolución (SC 1696) exigiendo que Irán cese el enriquecimiento de uranio el 31 de agosto y amenazando con sanciones si no lo hace. Combinado con su desastroso desempeño en relación con la invasión israelí al Líbano, el Consejo de Seguridad se ha desmoronado en una humillante y obsequiosa incompetencia también en este caso.

Como todos los fantasmas, la acusación sobre las armas nucleares es difícil de combatir porque no se pueden probar los hechos negativos. Quizás algunos científicos iraníes, en alguna remota instalación subterránea, están trabajando en tecnología para armas nucleares. Quizás algunas antenas en Norcorea han explorado las posibilidades de obtener componentes extras. Quizás una nave espacial alienígena una vez cayó en el desierto de Nevada. Normalmente, que algo no pueda ser probado no hace que sea cierto. Pero en el mundo neocon, las posibilidades son realidades, y una prensa cobarde está allí para claquear sus tacos y escribir sus alarmistas titulares. No se necesita mucho, en la eterna repetición del término “posible programa de armas nucleares”, para que la palabra “posible” vaya desapareciendo.

La evidencia es, de cualquier forma, un mero detalle para la administración Bush, para la cual el deseo de armas nucleares es causa suficiente para un ataque preventivo. En los debates norteamericanos previos a la invasión a Iraq, había gente que insistía que se carecía completamente de evidencias sobre las armas de destrucción masiva. La Casa Blanca insistiría, entonces, en que, debido a que Saddam Hussein “quería” esas armas, estaba en condiciones de tenerlas en algún momento en el futuro. Desde entonces los delitos de pensamiento, incluso los imaginarios delitos de pensamiento, son ahora punibles con una invasión militar.

Los EE.UU. ¿quieren realmente atacar a Irán? Los generales norteamericanos están seriamente preocupados por el hecho de que un bombardeo a las instalaciones nucleares de Irán produciría ataques sin precedentes sobre las fuerzas norteamericanas de ocupación en Iraq, así como en las bases norteamericanas en el Golfo. Irán podría, incluso, bloquear el Estrecho de Hormuz, por el que pasa el 40 % del petróleo mundial. La militancia terrorista derivada del ataque podría disponer de cohetes espaciales. El daño potencial a la seguridad internacional y a la economía mundial sería inconcebiblemente peligroso. Los neocons de la administración de Bush parecen capaces de cualquier locura, de modo que nada de esto les preocupa. Pero incluso los neocons deben haberse tomado una pausa después que Israel fracasó en dejar a Hezbollah fuera de combate, usando el mismo ataque aéreo que se planea para Irán.

Pero Israel puede atacar a Irán, y este sería el plan. Actuando en conjunto, los dos países podrían compensarse por sus recíprocas limitaciones estratégicas. Los EE.UU. han estado contribuyendo con la influencia de su superpotencia en el Consejo de Seguridad, estableciendo las etapas para las sanciones, sabiendo que Irán no va a ceder en su programa de enriquecimiento. Habiendo cultivado una (errónea) creencia internacional en que Irán está amenazando con un ataque directo a Israel, el gobierno israelí podría entonces argüir su derecho a la autodefensa lanzando acciones unilaterales preventivas para destruir la capacidad nuclear de un estado declarado en infracción por la conducción de la ONU.

Un contraataque directo de Irán contra Israel es imposible porque Israel, y en este caso no es pecado, es una potencia nuclear (e Irán no) y porque el paraguas de seguridad de los EE.UU. protege a Israel. Una reacción regional contra los objetivos norteamericanos podría ser recortada por la (escasa) confusión sobre la indirecta complicidad de los EE.UU. En ese caso, lo que estamos viendo ahora es que los EE.UU. están creando un contexto internacional de seguridad para un ataque unilateral de Israel y preparando la cobertura de Israel en el período posterior.

¿Es éste realmente el plan? Algunas evidencias sugieren que está sobre la mesa. En años recientes Israel ha adquirido nuevos misiles antibunker, una flota de F-16 y tres submarinos alemanes Dolphin de última generación (y ha ordenado dos más), esto es, el armamento apropiado para atacar las instalaciones nucleares iraníes. En marzo del 2005 el Times de Londres informó que Israel había construido en el desierto una maqueta de las instalaciones iraníes en Natanz, y estaba realizando prácticas de bombardeo. En meses recientes, funcionarios israelíes han afirmado abiertamente que si la ONU fracasa en actuar, Israel bombardeará Irán.

Pero Hezbollah, el aliado de Irán, amenaza el costado de Israel. Por esta razón el ataque a Hezbollah fue más que un “demo” de un ataque a Irán, como Seymour Hersh informó: era necesario para atacar a Irán. Israel fracasó en destruir a Hezbollah, pero el resultado puede ser mejor para Israel ahora que la Resolución del Consejo de Seguridad 1701 ha hecho a la comunidad internacional responsable del desarme de Hezbollah. Si la 1701, alentada por los EE.UU., tiene éxito, el ataque a Irán será un hecho.

Como Israel y los EE.UU. tratan de hacer que este profundamente defectuoso plan funcione, continuaremos sin duda leyendo en cada foro que el presidente de Irán, un hostil, irracional islamo-fascista, negador del Holocauso y enemigo jurado de los judíos que amenaza con “borrar a Israel del mapa”, es lo suficientemente irracional como para cometer un suicidio nacional lanzando una (inexistente) arma nuclear contra el poderosísimo arsenal nuclear de Israel. El mensaje está siendo martillado en casa: contra este mito creado por los medios, Israel debe verdaderamente “autodefenderse”.