5 sep. 2006

Al final de la noche

Lucía Cánobra Pompei



Bajo el rostro y crucifijo,
clava una sonrisa;
en llamas sus venas diminutas,
sus dedos temblorosos
se detienen ante el llanto;

me persigno ante la imagen,
por el dulce tono de su voz
encargo de una vida eterna,
sangre hervida,
el humo hace llorar.

Solitaria madrugada,
entre el verdor de un rezo o letanía,
mi ebriedad del alma;
sor Teresa clama desde el cuarto:

Una flor de cruces,
una rosa negra empalizada,
cántico sagrado al fin
en el triste cáliz de un demente.

Aún así me entrego al aire,
a la siesta encarnizada;

sé que el alma mía entrega paz,
sin gemidos más que ausentes,
sin mis muslos que se esparcen,
sin mi fuerza de otros días.