11 jun. 2006

En clave de sol negro

por Margarita Axatlán
(1959-2005)





...la fétida lujuria permanente, cansa, no respira. El asco de los muertos esparcidos bajo el árbol, casi al borde de la arena. Cuerpos podridos, anestesiados para siempre, penetrándose entre ellos, succionándose las carnes, lamiendo sexos flojos, blanquecinos, vulvas secas, mal olientes; piernas, ojos, sucias cabelleras. Cruzo el pueblo en busca de jeringas. Me siento y me desnudo; una piedra se me incrusta entre las piernas. Mis testículos son tragados por termitas transparentes, carcomido el pene que perdí en quirurgias imperfectas, ya no sangra más que verde pus. Busco el sitio de la vena y me aprieto el bíceps como puedo. El pinchazo me sorprende en la caída, sin embargo el canto de las olas y el de las sirenas-prostitutas me protege de otro daño. El metal me cuelga desde el codo; miro a todos y reprendo la exasperación de los pocos que aún no mueren. Busco un cuerpo aún firme para cercenarle algo de muslo, un seno, un labio. Siento hambre y ante el espectáculo me favorezco y regocijo. El sol cae, o ya ha caído. Es la noche, o es el día; mujer muerta o viva. Soy ano, vulva, boca. Soy ombligo. Soy transexo y sólo intento eyacular, simplemente eyacular.



Isla Tiburón, octubre 2005