27 feb. 2019

Ahora odiamos a Bosé, por Lucía Camus*





Bastó que el legendario, admirado y -hasta ahora- muy querido artista español Miguel Bosé mencionara las posaderas de nuestra también muy querida ex presidenta Michelle Bachelet, para que ardiera Troya en las redes sociales. La ocasión era propicia, una conjunción de artistas por la democracia en el “Venezuela Aid Live” suponía una concertación de buenas intenciones, frases conciliadoras, un mensaje de esperanza, las manos alzadas en la hora del crepúsculo, algunos fuegos artificiales, la Novena de Beethoven... Sin embargo, el querido artista, hay que decirlo, se salió del marco.

A partir de sus dichos, muchos fans rompieron sus pósteres de Vea y TVgrama. Otros, adeptos y no adeptos, definieron el acto como un ejercicio de mal gusto. Los más osados, incluso, tildaron al trisexual de “traidor”. Las reacciones histéricas se suman: el locutor Freddy Stock ha iniciado una campaña pidiendo que Bosé no actúe más en Chile. Tal como leyó, en pleno siglo veintiuno. Impresentable.

Revisemos la cita que da origen a la polémica: “Venga ya de una puñetera vez, a ver la cantidad de falta y de ruptura de derechos humanos, porque está tardando veinte años... Michelle Bachelet: ven aquí, mueve tus nalgas de una vez con la autoridad que tienes, o si no, para esto no sirves, ¡fuera!”.

¿Qué es –exactamente- lo que molestó tanto a moros y cristianos? Porque, hay que decirlo, el rechazo fue total. Incluso el blondo y wing-derecho José Antonio Kast rasgó vestiduras, implorando una retractación, un giro explicativo, un arrepentimiento (agreguemos que el ubicuo presidente Piñera fue otro de los que rechazó el efusivo llamado de Bosé). Obviamente, esta ofensa nacional se sintió más duro en el sector adepto a Michelle Verónica, quien, noblemente, pasó por alto cada frase musical y recién hoy, seis días después del exabrupto, por vez primera alzó la voz, exigiéndole a Maduro mayor prolijidad en sus tropas.

¿Fueron acaso estas declaraciones de Bachelet un rebote del “efecto Bosé”? Porque lo cierto es que Bachelet, garante y observadora de los derechos humanos y libertades civiles, hasta ahora, después de años de polémicas y acusaciones cruzadas en Venezuela, no había dicho absolutamente nada.

Ordenemos el asunto. Primero está el “El silencio de Bachelet”. Después “El error de Bosé y su supuesta traición”. Y por último tenemos las “Especulaciones en cuanto a adscripciones de género y un machismo implícito innegable en las reacciones observadas”. Veamos...

1. El largo silencio de Bachelet, cuyo cargo exacto es: “Alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos”, fue a todas luces un despropósito. Digamos que ella, como lo dijo coloquialmente Bosé “está para eso”. Su trabajo es velar por el respeto a los derechos humanos y libertades civiles de la región. ¿Cuál ha sido su excusa para no visitar Venezuela? Ninguna. ¿Cuál su excusa para no haber emitido juicios reprobatorios, o, al menos, llamados de atención como el de hoy, 24 de febrero, en que denunció la violencia de policías nacionales y de las llamadas “milicias irregulares” pro Maduro? Ninguna.
Contra todo pronóstico, Bachelet, ya demasiado interpelada, afirmó hoy tener pruebas de ataques de "grupos armados" chavistas contra manifestantes el sábado recién pasado en la frontera. Digamos que su actitud, hasta hoy, teniendo en cuenta el cargo que representa, ha sido inaceptable. No se puede calificar de otra manera. Ante situaciones tan contundentes y objetivas como los más de tres millones de venezolanos autoexiliados, las violentas manifestaciones en Caracas, el cierre de medios de oposición, el encarcelamiento de políticos de oposición, entre otras muy poco amables acciones del gobierno de Maduro, lo mínimo era hacerse cargo de la situación, o, digamos, al menos “ir a ver qué pasaba”.
Bachelet no ha explicado, hasta ahora, su silencio y distancia frente al problema venezolano. Y quizás no lo explique nunca... principalmente, porque no hay explicación posible. Sus contrarios podrán decir que adscribe al régimen, que comparte camiseta e intereses con Maduro. Pero incluso entendiendo eso, no es aceptable su actitud en extremo lenta, floja y sin el énfasis que requiere la situación. Si se inmoviliza por compartir ideología con Maduro, entonces, simplemente no sirve para el cargo, tal como dijo el cantante de las calzas fucsias.

2. Pero volvamos a Bosé. Acotemos el error (porque su llamado a Bachelet sí fue un error, a estas alturas, incluso reconocido por él). La frase tiene forma y fondo y es claro que el problema fue de forma y no de fondo. A Bachelet, ya lo hemos comentado, sí le correspondía (y desde hace mucho) concurrir al lugar a observar y entrevistarse con el gobierno y la oposición. La situación en Venezuela es delicada, desde hace años, y el que la persona encargada de realizar esta visita no la hubiese realizado, hacía que el llamamiento no fuera tan sólo un asunto lógico, sino que ya derechamente urgente (de lo urgente parte el énfasis y, como sabemos, en la urgencia lo formal baja en prioridad).
El error, entonces, está en la forma y en la mención de una parte íntima (en un uso extremadamente coloquial) de la ex presidenta chilena. ¿Si Bosé hubiera dicho que Bachelet “trajera su cuerpo a Venezuela” habría sido tanto el escándalo? Ciertamente no. Aunque la segunda parte de la frase contenga un enunciado en algún grado agesivo, lo que acá fue considerado de mal gusto fue el derecho autoadjudicado del cantante de hacer mención coloquial de la zona cular de Bachelet. Ahí radica el meollo del error.
Hagámoslo aun más obvio y digamos: “Señora Bachelet, venga a Venezuela y haga su trabajo”. ¿Nos provoca algún problema este enunciado? No creo. Acaso pueda ser considerado algo “puntudo”, pero no habría sido titular de los periódicos chilenos durante varios días.
Bosé ha mencionado, en sus últimas entrevistas, su decepción total de la clase política. No dice que se arrepiente de haberse reunido con políticos en años anteriores (recordemos sus amigables visitas a La Moneda en tiempos de Bachelet y el sinnúmero de fotografías sonrientes, abrazos y toda clase de declaraciones cordiales a la salida). Por supuesto que está en todo su derecho de haberse hastiado de la clase política. Otros hemos tomado la decisión de hastío a más temprana edad. Pero cada quien con sus procesos y tiempos. Variar hacia el desencanto es una ruta lógica. En esto tampoco hay un error.
¿Hubo acaso una traición de Bosé hacia Bachelet? En su cambio de postura, no. En su trato hacia Bachelet, quizás, en cierta medida. La prensa durante años pintó esta relación casi como de dos amigos que comparten parrilladas y piqueros en el lago Caburga. Pero lo cierto es que esta relación nunca funcionó de esa forma. Hubo cordialidad, fotos y sonrisas. ¿Aprovechamiento político? Sin duda. Pero más allá de eso, nada. Bachelet ni siquiera es fan de su música, lo ha declarado. Aunque se hayan tomado de las manos para algún cierre de campaña.
El chileno, es atingente decirlo, tiene una habilidad incuestionable para cambiar de opinión con una rapidez sorprendente. Ejemplo: Acto 1: Amamos a Palma Salamanca. Acto 2: Palma Salamanca emite declaraciones que no nos gustan. Acto 3: Odiamos a Palma Salamanca (razones: que está loco, que la plata lo corrompió, que nunca fue realmente de izquierda, etc.). Esta ecuación tan conocida funciona a la perfección en este caso: Acto 1: Amamos a Bosé. Acto 2: Bosé emite declaraciones que no nos gustan. Acto 3: Odiamos a Bosé (razones: que está gagá, que ya no tiene voz, que vale hongo, etc.). Esta destacadísima característica nacional nos ha válido el mote internacional de chaqueteros, inconstantes, incluso de bipolares.

3. Las discusiones sobre el tema de género son incluso más interesantes. Por lo mismo, este acápite será breve. Comenzará y terminará con una pregunta... ¿Los mismos que ahora lloran y reclaman por la infortunada frase de Bosé, habrían reaccionado igual si el aludido hubiera sido un hombre? ¿Si hubiera sido Piñera? Apuesto mi fortuna a que no solo no lo habrían lamentado, sino que hasta lo habrían (habríamos) celebrado. Lo que nos deposita en un punto clave, ya que acá radican dos de los mayores problemas discursivos de nuestra sociedad chilena:

a. El doble discurso que implica defender lo mismo que se ataca (dependiendo del lugar ideológico de enunciación).
b. El machismo implícito que significa defender el trato hacia una mujer (“la mujer exige mayor respeto”, “a la mujer hay que cuidarla más”).

Es de esperar que eventos como el ocurrido el viernes en Cúcuta (ridículo de Piñera incluido, el que, por repetitivo y esperable casi se queda sin mención) nos llamen a la reflexión, y no al escupitajo y al cambio de foco según la conveniencia. En Venezuela no importa el accionar absurdo de Piñera, no importa el aprovechamiento político de la derecha y el silencio cómplice de la izquierda, ni siquiera importa lo que haya dicho Bosé sobre Bachelet. En Venezuela lo que importa se relaciona con Maduro, los derechos humanos, el respeto o no respeto por los valores democráticos y la defensa de la vida de millones de hermanos latinoamericanos. Con tanto efecto pirotécnico dando vuelta, con tanta red social, con tanto posteo y reposteo y un creciente odio entre derechas e izquierdas, tendemos a olvidar lo esencial, la defensa de la democracia y la libertad. Por eso el llamado es a no perder el foco y a resolver el problema venezolano sin violencia, con respeto, en paz.




* Lucía Camus es periodista y máster en Política Latinamericana, ambos grados por la Universidad de Valencia. Nacida en la ciudad de Alicante, España, vive actualmente entre Buenos Aires, Argentina, y La Serena, Chile. Publica regularmente para medios independientes españoles, como Público, El Diario e InfoLibre.









11 feb. 2019

Pájaros azules en la primavera, por Philip Kundera





1. Veo tu silencio oportuno, tu distancia; también tu performance habitual, entremezclada, confusa, llena de tabúes. Veo tu saludo lejano, desde lugares conocidos, habituales, mancillados ahora por una promesa insatisfecha. Jamás te gustó ocupar un lugar anexo, fuiste el personaje torpe de una historia que jamás termina, ni siquiera en este impreciso gesto de escribir un mensaje enmascarado, encriptado en miles de visiones crepusculares, a la vez bellas e ignorantes. La ira se transforma en dolor, en calor, en piedras filosas que hieren los pies junto a otras que brillan transparentes.

2. No he vuelto a ir desde entonces. Iré en el próximo verano. Caminaré, recorreré, usaré la misma pieza de hotel, una ventana al sur, una ventana al mar. De seguro recordaré esa noche de tormenta en que las ventanas golpearon los postigos y la furia rompió y unió aquellos cuerpos sudorosos y desnudos, en unión total, limpia por única vez, sin futuro ni pasado.

3. Veo tu foto nuevamente. No apareces tú, sino un paisaje boscoso, lleno de piedras circundantes. Pienso en tu mano apretando un retórico gatillo. En esa noche, la última... En tu sentimiento oscuro, aún hoy, repasando cada detalle, la llamada de mañana, la discusión, el viaje, el alejamiento que posibilitó nuestra momentánea compañía. Recuerdo mi sensación de expulsar la saliva amarga que provoca el contacto con un ser de alma negra que pugna por aparentar transparencia. Tres o cuatro días de dormir juntos, de caminar y bromear frente al bosque eterno, incandescente, de un paraíso en ruinas. Lo demás es obvio, un viaje de regreso a la ciudad, un amanecer distante, una despedida fría que ambos supimos definitiva apenas nos separamos.

4. Esta canción la adelanto, es insoportable.

5. Es solo una foto, una canción, expuestas el mismo día. Una foto es una canción sin movimiento, dice un párrafo de sabiduría árabe. Contrario al verso clásico, a mí no me es fácil olvidar. Un gesto de cariño, un acto de traición, una noche en el desierto, con sabor a sal, arena y tormenta. Alejado un centenar de metros grito al cielo mientras los rayos caen. No quiero volver a la ciudad, tampoco a ella. Este fue el inicio y el final de aquellas páginas ajadas por el más certero de los jueces, el tiempo.

6. Desde esta cima de montaña observo el hábito pequeño, allá abajo, apenas visible. Es tiempo de permanecer en la altura, en este vuelo ingrávido, lleno de matices y sinceros afectos. Casi he olvidado la traición. Casi la he olvidado a ella... Soy feliz acá. Es todo cuanto hay que decir.



en Veintiséis relatos sin final, 1976











31 ene. 2019

Pieza estudio, de Cecilia Gajardo





Hay cosas que se meten en mi cama
con las migas de pan acumuladas en años
que raspan mis piernas
junto con las aureolas de saliva
que dejan un aire ácido
junto al control remoto
que se esconde en las frazadas
burlándose de mí por no poder encontrarlo
con algunos calcetines en el extremo del colchón
acumulados hace años.
Veo realitys
y miro hacia el techo
buscando una cámara
para dar señas
y me saquen de la cama.



en Piel verano, 2017











3 ene. 2019

Luis, de Mauricio Redolés





La certeza de poder abrazarte vivo
sabiendo que tu cuerpo no es otro que la luz de Ovalle.
Desde que comienzas a morir
            odio a los mediocres cantantes populares.
Fuiste quizás un tipo de blues universal del Limarí.
Fueron doce los años de ausencia para encontrarte
conejo asustadizo por el fascismo
tus manitas llenas de hierbas.
Deambulabas por los pasillos
bajabas la vista ante mi estatura.
Hiciste de la pobreza algo pobre
una lluvia juliana delgada pa dársela brava
            al hijo recuperado.
Luego podíai marcharte inventando el vino que no conocí.

Hoy
eres el pianista inalcanzable a orillas de la autopista.



en El estilo de mis matemáticas (Antología), 2017












28 sep. 2018

Hans Pozo Blues, de Clemente Riedemann





Hans Pozo ha desaparecido. Nadie lo puede encontrar. Era un chico quitado de bulla que robaba para comer. Y a veces para comprar droga, ¿quién se lo podrá reprochar? Han encontrado sus manos en la basura de un callejón. No tenía huellas digitales, ni rastros de quien las cortó. Pero su dedo índice apuntaba directo a la ciudad. Es el lugar donde vivimos, uno de nosotros lo mató.

            Era huérfano, no tenía amigos.
            A merced de todos,
            ayudado por nadie,
Hans Pozo ha desaparecido.

Ayer desenterraron su cabeza bajo un matorral. Pero no tenía rostro, ni lengua, ni paladar. Se los comieron los perros, tuvieron tiempo demás. Pero su nariz apuntaba a la ciudad que lo parió. Las máquinas de hacer dinero no paraban de foliar. Por ahí apareció una pierna y la otra un poco más allá, como arrancándose a solas para ya no sufrir más.

Era huérfano, no tenía amigos.
            A merced de todos,
            ayudado por nadie,
Hans Pozo ha desaparecido.

Dirás que es un caso oscuro sobre el que no cabe hablar, pero era uno de los nuestros a quien dejamos matar. Algún día regresará en sueños en busca de la verdad. ¿Qué le diremos entonces? ¿Qué le olvidamos sin más? Hans Pozo ha desaparecido, nadie se quiere acordar. Ojalá que su alma se haya podido salvar y que no haya más chicos muertos, botados por la ciudad.

Era huérfano, no tenía amigos.
            A merced de todos,
            ayudado por nadie,
Hans Pozo ha desaparecido.



en Riedemann Blues, 2017












11 ago. 2018

Anestesiados, de Carlos Almonte





Caídos en la luz de un crepúsculo agitado
sueñas con arcaidos y dementes que
de vez en cuando
realizan gestas imposibles de entender
o realizar.

Acariciar figuras de piedra
un terciopelo que se extiende
sombreros transparentes
o sencillos cuerpos que se desvanecen.

Acariciar la luz de un invierno que se extingue.

Es acariciar una palabra
finalmente una palabra que se extingue
por sí sola.



en Flamenco es un sueño, 2008

Libros La Calabaza del Diablo













6 jul. 2018

La casa de Mingus, de Martín Cinzano



 

 
Explicar algo a alguien es,
en primer lugar, demostrarle que no
puede comprenderlo por sí mismo.
J. Rancière


nos acostumbramos de a poquito a las fórmulas
tener una casa
es una manera ingrata de decirlo
ir a comprar fruta caminar kilómetros
buscando desesperados una botella de ron
o la casa de Mingus
junto a un perro gris como el culo de la vida

ese perro gris
ese perro flaco y gris
siempre traerá un regalo para ti
un pedazo de plástico
la señal de la bancarrota
una postal carcomida
de la casa a la que nunca entraremos

pero nunca te regalará un poema
un poema no
porque un poema es un pésimo regalo
porque un poema es indigno
como una explicación e indigno
de ese perro gris
de ese perro flaco y gris
que se nos ha muerto en Cuernavaca



en Yo ya (G0 Ediciones), 2016










7 feb. 2018

Minimalism (Minimalismo). Reseña de Aníbal Escanciero-Johns




 
Misimalism: A documentary about the important things... es el nombre completo de este documental que narra un punto de visto relacionado con un estilo de vida simple, desprovisto de la mayor parte de las cosas. "Vivir con lo esencial". "Vivir con lo necesario". Son tópicos que repiten, demasiado frecuentemente, estos dos amigos que, de un momento a otro, y cansados del consumismo y de ganar dinero y de tanta infelicidad, deciden ser felices liberándose de prácticamente todos los bienes materiales. De este modo, aseguran, las personas se liberan del estrés, de las preocupaciones, de la infelicidad, en definitiva. Una máxima del tipo: "Si no tienes nada, no puede causarte problemas", o algo así. Recorren el país dando charlas y ganando dinero por la venta de los libros; dinero que, seguramente, no gastarán en nada (para que no les cause problemas). Quizás, solo en gasolina para ir de pueblo en pueblo predicando el evangelio de la desposesión. Porque algo de eso tiene este documental que parece confundir un medio con una finalidad: okey, me deshago de las cosas... ¿y ahora qué? ¿Me dedico a dar el mensaje del Minimalismo de ciudad en ciudad? 

Con todo, el documental logra momentos interesantes, como el concepto Tiny House (ejemplificado gráficamente más abajo), o el de los creadores de Lifeedited, que se relaciona, más que con no tener cosas, con un respeto por el ambiente y por la eficiencia de espacio. El resto de los entrevistados, incluyendo al par protagonista, son más bien del tipo “Yo era así, hasta que vi la luz” (por supuesto, todos han publicado un libro relatando su experiencia). Y es justamente ese aire “canuto” el que vuelve un tanto insoportable la visión de este film, así como la falta de sustancia. Finalmente, ¿por qué es malo tener cosas? Supuestamente porque no las necesitamos, pero... ¿y si las necesitamos? ¿Quién define lo que necesito y lo que no? ¿Necesito realmente una televisión, libros, una radio? O... una vez que nos deshacemos de todo, ¿a qué nos dedicamos? Porque, obviamente, no todos podemos ser predicadores del evangelio Minimalista. La verdad es que uno ve el documental, la vida por la que optaron estos dos sujetos, y no provoca ni la más mínima gana de tener algo de eso: ¿predicar un evangelio desorientado ante un par de tipos desorientados? Thanks, but no thanks. 

Debo ser de los atrapados por el sistema, porque creo que llevar una vida sin bienes y sin propósito me parece igual o más vacía que una vida con bienes y ningún propósito. Es matemática simple. Como matemática fue la decisión de ver este documental hasta el final, ya que alrededor del primer tercio, el mensaje de los entrevistados comienza a repetirse, y hacia cumplida la primera mitad esto aburre de manera descomunal.

No le recomendaría este documental a nadie, salvo que esté endeudado y sea comprador compulsivo (quizás ni siquiera a él).



Calificaciones
Rotten tomatoes: 3,3/5
IMDB: 6,7/10
Nuestra calificación: 3,1/7




Minimalism
(Minimalismo)
Director: Matt D’Avella, 2016
78 minutos





25 ene. 2018

Peter and the Farm (Pedro y la granja). Reseña de Philip Kundera




 
La historia comienza de mañana, un camino arbolado, vegetación abundante y un clima fresco. Vemos la vida de un campesino (Peter Durring) eso ya lo sabemos desde el título, la rutina de soledad, silencio y tranquilidad. De pronto, su afable fisonomía (de carácter errático y, finalmente, mucho menos afable), irrumpe en la escena para dar gritos estertóricos con los que llama a las ovejas.

Es un paisaje idílico, suaves praderas, animales (ovejas, cerdos, vacas, un perro), una vida solitaria, un anciano gruñón que acepta compartir su vida, su día a día, en el que vemos muertes de animales, borracheras y amenazas de suicidio. En Mile Hill Farm (así se llama la granja del anciano) se reúne el ánimo delimitado de un documental también certero. Sin ningún aspaviento retórico, se muestra una historia mínima, que nos envuelve entre la belleza de las imágenes, la crudeza y verdad de éstas y la intensidad de vida del anciano. Hay momentos notables, como la muerte de un coyote, la historia de su mano menos hábil o su relato de cómo y dónde fueron concebidos cada uno de sus hijos.

Sin entrar en mayores detalles, solo diremos que el documental engancha desde un comienzo, se deja ver tranquilamente y llega a emocionarnos, e, incluso, a conmocionarnos. Otorga, en silencio, mayor satisfacción que otros relatos con historias de interés masivo o con mayores efectismos. Acá el asunto es real y se nota.

Definitivamente recomendable.


Calificaciones

7,1/10 (Rotten Tomatoes)

7,4/10 (IMDB)

Nuestra calificación: 6,1/7,0



Peter and the Farm

(Pedro y la granja)

Director: Tony Stone, 2016

91 minutos







1 dic. 2017

Yo ya, de Franklin Goycoolea





Yo ya, yo ya, decía Jaspers
al depositar las cartas en la mesa
La mesa está puesta
La estrella en tu esperanza
Tu reina de copas está latente
y la tentación
y la caída

El amor no es una caída
es un revoloteo inmenso
sobre un abismo que se aísla

Más allá de la tentación
de las cunetas
de los caminos
Se transforma en un conquistador
de todos los tesoros: Zaratustra



en ¡Flash!, G0 Ediciones 2017

Fotografía: Franklin Goycoolea